miércoles, 3 de agosto de 2016

Mundos Paralelos XVI.



-¿Y quién es usted para criticar nuestra decisión de salirnos de la comunidad Europea?

-¿Quién soy? Me sorprende tu desconocimiento de la historia Lord Freddy. Sin dudas, el ser talentoso en unas cosas no quita ser pendejo en otras. Pero no soy quien para darte lecciones de historia. Mientras que la yerba acabó con tus neuronas, yo las usé para otros fines. Creo haber ideado más de treinta remedios caseros para curar distintas afecciones, desde heridas hasta reforzar el sistema inmunológico y sanar problemas digestivos.

- Ahí tal vez me ganas, yo hubiera querido un buen remedio para mi enfermedad, pero ni los más destacados médicos de aquel entonces sabían cómo. No supe de medicina, ni mucho de historia, pero fui capaz de llenar estadios y hacer que multitudes cantaran mis canciones.

-Yo supe de música, aunque muchos no me recuerden por eso. Sabía leer música y no solo fui capaz de componer, sino que también canté y toqué diversos instrumentos.

Pablo que escuchaba muy animadamente la discusión soltó una carcajada y exclamó:

-Perdóneme, pero entre lo mucho que sé de usted, lo que más destaca, es que fuiste tremendo cogelón.

-Lord Pablo, no haga mucho caso de todo lo que se dice.  La gente es muy envidiosa. – Hizo una pausa y suspiró profundamente y dando galas de su gran altanería respondió – Bueno, el hecho que me haya casado seis veces, no quiere decir que fuese ese mi único talento.

-No lo creo. No por ser muy bueno en la cama creo que se haya casado tanto… Por ahí se rumoran muchos chismes de alcoba. Creo que dos de sus mujeres lo hicieron más cornudo que un arce.

-¿Cómo se atreve a insultarme así?

-Porque soy Pablo… y no fui tan elegante como usted, ni tuve un guardarropa tan espléndido como el suyo, ni causaba tanta admiración como usted, porque aunque fui más rico, el ser narco nos resta elegancia. Yo no tuve tantos trajes ni me vestía a la usanza de otros países: sé que a usted se le vio con trajes de húngaro, turco, ruso, alemán y prusiano. Sé también que siempre llevaba sus ropas perfumadas con lavanda y agua de azahar, o esa verraca fragancia que usted mismo creó. Sé que usted atesoró más joyas que cualquier otro en su época y que muchas de ellas fueron diseñadas por usted. Sé que tenía canarios, ruiseñores y hurones, aunque sus mascotas preferidas eran los perros. Sé que tuvo Caballos de pura raza… Pero nada se compara conmigo pelao, yo tuve un zoológico y además le aseguro que usted nunca vio tantos dólares juntitos como yo los conté con mis propias manos pelao.  Yo le puedo asegurar, como ya he dicho en muchas ocasiones, que después del Papa, yo fui el hombre más importante del planeta.

-¿Más importante después del Papa? – Ahí soltó una burlona carcajada.- Estás jodido mi lord Pablo… yo fui más importante que el Papa. Yo me lo pasé por el arco del triunfo, me defequé en sus leyes y no solo me atrevía a desobedecerlo, sino también me autoproclamé jefe supremo de la iglesia en Inglaterra. ¿Entonces qué? ¿Fui o no fui más importante que el Papa?

Pablo, como si se sintiese vencido en lo más profundo de su ego sugirió:

- Su majestad, ¿qué le parece si mejor no discutimos más y recemos porque Inglaterra no se salga de la comunidad europea?

-Mejor cantemos.- Gritó Freddy.

Y fue entonces que Enrique VIII, Pablo Escobar y Freddy Mercury, engalanaron el cielo, olvidándose de tantos egos, aunque de esto último no estoy tan seguro, y empezaron a cantar a coro…


We are the champions, my friends
And we'll keep on fighting 'til the end
We are the champions
We are the champions
No time for losers

'Cause we are the champions of the world

domingo, 24 de abril de 2016

Vasili Grossman: Vida y Destino.

Demasiado optimista al respecto de la evolución del régimen comunista, el intento de Grossman de publicar Vida y destino en 1962 se salda con la requisa inmediata por parte del KGB de las copias de la obra e incluso de las cintas de máquina de escribir utilizadas, con la expulsión del escritor del medio literario oficial, con la obligación de firmar una declaración conforme a la cual se abriría una causa contra él en el caso de que contara a alguien lo sucedido, y con penurias económicas para él. Grossman escribe entonces una carta a Nikita Jruschov en la que reclama con ardor la libertad para su libro apelando al espíritu aperturista del nuevo gobierno:
Quisiera comunicarle mis pensamientos con toda honestidad. Antes de nada debo decir lo siguiente: no he llegado a la conclusión de que mi libro contenga falsedades. En él escribí lo que consideraba, y sigo considerando, que es la verdad. Escribí sólo el resultado de mis reflexiones, de mis sentimientos, de mis sufrimientos. Mi libro no es político. En la medida de mis capacidades, escribí sobre la gente corriente y sobre sus penas, sus alegrías, sus errores; hablé de la muerte, de mi amor y mi compasión por los seres humanos. [...] Ese libro es tan querido para mí como lo son los hijos honestos para un padre. Privarme de mi libro es como privar a un padre de su hijo. [...] ¿Por qué este libro, que no contiene mentiras ni calumnias, sino sólo verdad, dolor, amor a los seres humanos, me ha sido arrancado por medio de la violencia administrativa, por qué lo han secuestrado como si se tratara de un criminal, de un asesino? [...] ¿Cómo es posible que en nuestros tiempos se registre la casa de un escritor y se le confisque el manuscrito de su libro, tal vez lleno de imperfecciones, pero escrito con la sangre de su corazón, en nombre de la verdad y del amor a los seres humanos, y que le amenacen con meterle en la cárcel si se atreve a hablar de su desgracia? [...] Le ruego que le devuelva la libertad a mi libro. [...] Mi situación actual, mi libertad física no tiene sentido, no es más que una falacia, puesto que el libro al que he consagrado mi vida está prisionero. [...] Le pido libertad para mi libro. Con mi profundo respeto, Vasili Grossman.
En respuesta a esta carta, Grossman fue invitado a mantener una entrevista con Mijaíl Súslov, miembro del Politburó encargado de las cuestiones ideológicas. Grossman transcribió, después del encuentro, el discurso que le había dirigido Súslov:
En su carta solicita que se publique su novela, Vida y destino. Eso es imposible. Usted dice que su libro está escrito con sinceridad, pero la sinceridad no es el único requisito para la creación de una obra literaria en nuestros días. Su novela es hostil al pueblo soviético; su publicación perjudicaría no sólo a nuestro pueblo y al Estado soviético, sino a todos los que luchan por el comunismo fuera de la Unión Soviética. La novela beneficiaría a nuestros enemigos. Estamos restableciendo las normas de la democracia fijadas por Lenin. Pero esas normas no son las de la burguesía. Considera usted que en su caso hemos violado el principio de libertad. Si es así, entiende la libertad en el sentido burgués. Pero nosotros tenemos otra noción de libertad. No entendemos la libertad del mismo modo que los capitalistas, como el derecho a hacer todo lo que a uno le venga en gana sin tener en cuenta los intereses de la sociedad. Esa libertad sólo es necesaria para los imperialistas y los millonarios. Nuestros escritores soviéticos deben producir sólo lo que el pueblo necesita, lo que es útil a la sociedad. Todos los que han leído su libro coinciden en su valoración: lo consideran políticamente nocivo para nosotros. ¿Por qué deberíamos añadir su libro a las bombas atómicas que nuestros adversarios preparan contra nosotros? En su libro aparecen comparaciones directas entre nosotros y el fascismo hitleriano. Ofrece una descripción falsa e incorrecta de nuestra gente, los comunistas. ¿Cómo habríamos podido ganar la guerra con una gente como la que usted describe? En su libro habla favorablemente de la religión, de Dios, del catolicismo. En su libro defiende a Trotski. Está repleto de dudas acerca de la legitimidad de nuestro sistema soviético. Usted sabe cuánto daño nos hizo el libro de Pasternak. Todos los que han leído el suyo coinciden en observar que el daño que causaría Vida y destino sería infinitamente mayor que El doctor Zhivago. Tengo en mucha estima sus libros Stepán Kolguchin, El pueblo es inmortal y Por una causa justa. Lo invito a volver a las posiciones que mantenía cuando escribió esos libros.
Los esfuerzos de Grossman fueron vanos. Logró terminar, sin embargo, en 1963 La paz sea con vosotros, un relato de un viaje a Armenia realizado dos años antes.
En septiembre de 1964, Grossman falleció en Moscú de un cáncer de estómago.

La aventura de Vida y destino

Vida y destino fue publicada en 1980 en Suiza gracias al trabajo de una pequeña red de disidentes soviéticos: el físico Andréi Sajárov fotografió secretamente las hojas de un borrador preservado por Semión Lipkin, y el escritor Vladímir Voinóvich consiguió pasar de contrabando los microfilms al extranjero. Dos investigadores, profesores y escritores disidentes, Efim Etkind y Shimon Markish, copiaron el texto a partir de los microfilms, con algunos errores debidos a la mala calidad de éstos. El libro fue finalmente publicado en la Unión Soviética en 1988 de resultas de la implementación de la política de Glásnost iniciada por Mijaíl Gorbachov. Un año más tarde, en 1989, el texto volvió a ser publicado al ser encontrados nuevos manuscritos originales. Todo fluye fue también publicado en la Unión Soviética en 1989.

En España, Vida y destino fue publicado por primera vez en 1985, en una traducción espuria tomada del francés. En 2007 fue publicada, finalmente, una traducción vertida directamente del original ruso por la intérprete Marta Rebón.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La Anti-Reflexión de Fidel.



Hace unos días que leí la reflexión que hizo el Coma-andante sobre la visita de Obama a Cuba, casi me hierve la sangre.

Digamos que hice una anti-reflexión que comparto con ustedes. 
El texto en negritas es de Fidel Castro. 


El hermano Obama
No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta
28 de marzo de 2016 01:03:16
Los reyes de España nos trajeron a los conquistadores y dueños, cuyas huellas quedaron en los hatos circulares de tierra asignados a los buscadores de oro en las arenas de los ríos, una forma abusiva y bochornosa de explotación cuyos vestigios se pueden divisar desde el aire en muchos lugares del país.
El turismo hoy, en gran parte, consiste en mostrar las delicias de los paisajes y saborear las exquisiteces alimentarias de nuestros mares, y siempre que se comparta con el capital privado de las grandes corporaciones extranjeras, cuyas ganancias si no alcanzan los miles de millones de dólares per cápita no son dignas de atención alguna.
¿Señor Coma-Andante, usted no tiene cara, ni vergüenza, ni memoria. Habla usted de los conquistadores españoles, del oro cambiado por espejitos y de la bochornosa explotación? ¿Usted? Que fue el primero que cuando no tenía otra opción empezó a vender el país, a esos mismos españoles que construían hoteles donde usted o su gobierno era socio al 51%-49% y a donde los cubanos que viven en Cuba no tenían acceso.
Habla usted de explotación cuando usted fue el que empezó a discriminar al cubano por el turista, cuando usted penalizó una moneda para meter preso a los cubanos que portaran un dólar, o para truncar grandes carreras deportivas como la de Pedro José Rodriguez (Cheito), por tener 5 dólares en su bolsillo.
Habla usted de las bellezas del mar y de sus recursos naturales y de las ganancias de millones de dólares, cuando usted le prohibió a los cubanos comer camarones y langosta, cuando usted tenía una zona de pesca submarina exclusiva para su afición a la pesca y su gusto por la langosta, cuando si a un cubano lo agarraban con solo una, lo metían preso.
Perdón, quisiera no seguir leyendo tantas mentiras, pero el coraje me gana.
Ya que me vi obligado a mencionar el tema, debo añadir, principalmente para los jóvenes, que pocas personas se percatan de la importancia de tal condición en este momento singular de la historia humana. No diré que el tiempo se ha perdido, pero no vacilo en afirmar que no estamos suficientemente informados, ni ustedes ni nosotros, de los conocimientos y las conciencias que debiéramos tener para enfrentar las realidades que nos desafían. Lo primero a tomar en cuenta es que nuestras vidas son una fracción histórica de segundo, que hay que compartir además con las necesidades vitales de todo ser humano. Una de las características de este es la tendencia a la sobrevaloración de su papel, lo cual contrasta por otro lado con el número extraordinario de personas que encarnan los sueños más elevados.

Aquí si dice mucha verdad usted… aunque talvez en Cuba no encamamos los sueños, sino que usted mutiló los sueños de millones de cubanos que ni querían ser como el Ché y que tenían que seguirlo porque no le quedaba más remedio. O estaban con usted, o eran enemigos.  Los cubanos que nacimos con su revolución, solo (hasta que pudimos salir de Cuba) conocimos la historia que usted contaba. La historia que contaba el Granma, los libros de texto que usted mandaba editar quitando lo que no quería que el cubano leyera y supiera. O no se recuerda que muy pocos cubanos supieron el contenido de dos volúmenes de las obras completas de José Martí, cuyo análisis sobre el socialismo y la revolución rusa, distaba mucho del pensamiento martiano que usted nos hizo creer.
Usted cambió la historia de Cuba. Usted la rescribió a su conveniencia, usted nos hizo creer que usted era el bueno y los que no pensaban como usted eran malos. Usted borró de la historia lo que fue Cuba antes de que usted llegara e hizo creer a todo el mundo que era la luz de la esperanza que llevaría a los cubanos por el camino de la verdad, la justicia y lo perfecto.

Nadie, sin embargo, es bueno o es malo por sí mismo. Ninguno de nosotros está diseñado para el papel que debe asumir en la sociedad revolucionaria. En parte, los cubanos tuvimos el privilegio de contar con el ejemplo de José Martí. Me pregunto incluso si tenía que caer o no en Dos Ríos, cuando dijo “para mí es hora”, y cargó contra las fuerzas españolas atrincheradas en una sólida línea de fuego. No quería regresar a Estados Unidos y no había quién lo hiciera regresar. Alguien arrancó algunas hojas de su diario. ¿Quién cargó con esa pérfida culpa, que fue sin duda obra de algún intrigante inescrupuloso? Se conocen diferencias entre los Jefes, pero jamás indisciplinas. “Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”, declaró el glorioso líder negro Antonio Maceo. Se reconoce igualmente en Máximo Gómez, el jefe militar más disciplinado y discreto de nuestra historia.

Usted si es malo por sí mismo y es posible que no estaba diseñado para el papel que asumió en la sociedad cubana, pero si debe reconocer (y deshacerse de tanta arrogancia) que se pudrió en poder y se enfermó de poder. Usted todavía cree que Cuba es de usted y no de los cubanos. Usted todavía cree que José Martí amaba el socialismo. Qué iluso es coma-andante. O todavía cree que los cubanos son pendejos… ¿por qué no reconoce de una vez que Martí se expresaba así del socialismo y de los sistemas como el suyo. (Cito textualmente lo que pensaba Martí):
Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras; el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y la rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse como frenéticos defensores de los desamparados.
“Los sistemas políticos en que domina la fuerza crean derechos que carecen totalmente de justicia, y el ser vivo humano que tiende fatal y constantemente a la independencia y al concepto de lo justo, forma en sus evoluciones rebeldes hacia su libertad oprimida y esencial, un conjunto de derechos de reconquista.
“Un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo que acapara, y de la justicia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos.”
Usted, no tiene cara Fidel.

Mirándolo desde otro ángulo, cómo no admirarse de la indignación de Bonifacio Byrne cuando, desde la distante embarcación que lo traía de regreso a Cuba, al divisar otra bandera junto a la de la estrella solitaria, declaró: “Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria…”, para añadir de inmediato una de las más bellas frases que escuché nunca: “Si deshecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día… ¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!...”. Tampoco olvidaré las encendidas palabras de Camilo Cienfuegos aquella noche, cuando a varias decenas de metros bazucas y ametralladoras de origen norteamericano, en manos contrarrevolucionarias, apuntaban hacia la terraza donde estábamos parados. Obama había nacido en agosto de 1961, como él mismo explicó. Más de medio siglo transcurriría desde aquel momento.

Y aquí tiene la osadía de hablar de Camilo Cienfuegos, cuando es un secreto a voces que usted o su hermano, mandaron desaparecer al líder del pueblo que no pensaba como usted. O ya no se recuerda de esto. Que usted mando a Camilo a detener a Huber Matos cuando este le mandó aquella famosa carta de renuncia que el pueblo nunca conoció. ¿No se recuerda? Porque si no, se la recuerdo:
Camagüey, octubre 19 de 1959
Dr. Fidel Castro Ruz
Primer ministro
La Habana

Compañero Fidel:

En el día de hoy he enviado al jefe del Estado Mayor, por conducto reglamentario, un radiograma interesando mi licenciamiento del Ejército Rebelde. Por estar seguro que este asunto será elevado a ti para su solución y por estimar que es mi deber informarte de las razones que he tenido para solicitar mi baja del ejército, paso a exponerte las siguientes conclusiones:

Primera: no deseo convertirme en obstáculo de la Revolución y creo que teniendo que escoger entre adaptarme o arrinconarme para no hacer daño, lo honrado y lo revolucionario es irse.

Segunda: por un elemental pudor debo renunciar a toda responsabilidad dentro de las filas de la Revolución, después de conocer algunos comentarios tuyos de la conversación que tuviste con los compañeros Agramonte y Fernández Vilá. Coordinadores Provinciales de Camagüey y La Habana, respectivamente: si bien en esta conversación no mencionaste mi nombre, me tuviste presente. Creo igualmente que después de la sustitución de Duque y otros cambios más, todo el que haya tenido la franqueza de hablar contigo del problema comunista debe irse antes de que lo quiten.

Tercera: sólo concibo el triunfo de la Revolución contando con un pueblo unido, dispuesto a soportar los mayores sacrificios... porque vienen mil dificultades económicas y políticas... y ese pueblo unido y combativo no se logra ni se sostiene si no es a base de un programa que satisfaga parejamente sus intereses y sentimientos, y de una dirigencia que capte la problemática cubana en su justa dimensión y no como cuestión de tendencia ni lucha de grupos.

Si se quiere que la Revolución triunfe, dígase adónde vamos y cómo vamos, óiganse menos los chismes y las intrigas, y no se tache de reaccionario ni de conjurado al que con criterio honrado plantee estas cosas.

Por otro lado, recurrir a la insinuación para dejar en entredicho a figuras limpias y desinteresadas que no aparecieron en escena el primero de enero, sino que estuvieron presentes en la hora del sacrificio y están responsabilizados en esta obra por puro idealismo, es además de una deslealtad, una injusticia, y es bueno recordar que los grandes hombres comienzan a declinar cuando dejan de ser justos.

Quiero aclararte que nada de esto lleva el propósito de herirte, ni de herir a otras personas: digo lo que siento y lo que pienso con el derecho que me asiste en mi condición de cubano sacrificado por una Cuba mejor. Porque aunque tú silencies mi nombre cuando hablas de los que han luchado y luchan junto a ti, lo cierto es que he hecho por Cuba todo lo que he podido ahora y siempre.

Yo no organicé la expedición de Cieneguilla, que fue tan útil en la resistencia de la ofensiva de primavera para que tú me lo agradecieras, sino por defender los derechos de mi pueblo, y estoy muy contento de haber cumplido la misión que me encomendaste al frente de una de las columnas del Ejército Rebelde que más combates libró. Como estoy muy contento de haber organizado una provincia tal como me mandaste.

Creo que he trabajado bastante y esto me satisface porque independientemente del respeto conquistado en los que me han visto de cerca, los hombres que saben dedicar su esfuerzo en la consecución del bien colectivo, disfrutan de la fatiga que proporciona el estar consagrado al servicio del interés común. Y esta obra que he enumerado no es mía en particular, sino producto del esfuerzo de unos cuantos que, como yo, han sabido cumplir con su deber.

Pues bien, si después de todo esto se me tiene por un ambicioso o se insinúa que estoy conspirando, hay razones para irse, si no para lamentarse de no haber sido uno de los tantos compañeros que cayeron en el esfuerzo.

También quiero que entiendas que esta determinación, por meditada, es irrevocable, por lo que te pido no como el comandante Huber Matos, sino sencillamente como uno cualquiera de tus compañeros de la Sierra -¿te acuerdas? De los que salían dispuestos a morir cumpliendo tus órdenes--, que accedas a mi solicitud cuanto antes, permitiéndome regresar a mi casa en condición de civil sin que mis hijos tengan que enterarse después, en la calle, que su padre es un desertor o un traidor.

Deseándote todo género de éxitos para ti en tus proyectos y afanes revolucionarios, y para la patria -agonía y deber de todos- queda como siempre tu compañero,

Huber Matos

Más Claro, ni el agua. O acaso seguirá negando lo innegable. 
Reconozca señor, que si alguien amaba muy poco a la bandera cubana y a esa estrella solitaria, era usted.

Veamos sin embargo cómo piensa hoy nuestro ilustre visitante:
“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas. Vine aquí extendiendo la mano de amistad al pueblo cubano”.
De inmediato un diluvio de conceptos, enteramente novedosos para la mayoría de nosotros:
“Ambos vivimos en un nuevo mundo colonizado por europeos”. Prosiguió el Presidente norteamericano. “Cuba, al igual que Estados Unidos, fue constituida por esclavos traídos de África; al igual que Estados Unidos, el pueblo cubano tiene herencias en esclavos y esclavistas”.
Las poblaciones nativas no existen para nada en la mente de Obama. Tampoco dice que la discriminación racial fue barrida por la Revolución; que el retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años. La odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida por la Revolución Cubana. Esta pasaría a la historia por la batalla que libró en Angola contra el apartheid, poniendo fin a la presencia de armas nucleares en un continente de más de mil millones de habitantes. No era ese el objetivo de nuestra solidaridad, sino ayudar a los pueblos de Angola, Mozambique, Guinea Bissau y otros del dominio colonial fascista de Portugal.

Usted eliminó la discriminación racial en Cuba. Es posible que sea cierto. Pero usó otras formas de discriminación durante todo su mandato. Deje ya de hacerse la victima coma-andante. ¿O no se recuerda como discriminó a los gays? Reinaldo Arena fue una de sus primeras víctimas. O ya se le olvidó las famosas UMAS, donde mandaba a los vagos y a los homosexuales a trabajos forzados. ¿A poco creía usted también que ser gay es una enfermedad y que el trabajo duro los volvería heterosexuales?
Usted también discriminó a los religiosos, que expulsaba de las universidades con el pretexto que la universidad era para los revolucionarios. Usted discriminó a los que tenían familiares en el extranjero y a los que no pensaban como usted. O no se recuerda que llamó ESCORIAS a todos los que quisieron salir del país cuando los sucesos de la embajada del Perú.
Usted es un descarado. Usted no quería ayudar a Angola. Usted quería (igual que los españoles de la conquista), conquistar Angola. Usted quería exportar la revolución cubana a todo aquel inepto que se dejara. Y así lo hizo y se cansó de hacerlo en América Latina. En Nicaragua, en Venezuela, en Ecuador y en muchos más que no se dejaron.  
Usted mando a miles de jóvenes cubanos a morir a Angola, sin saber por qué iban a morir. A un pueblo que jamás agradeció tantas muertes cubanas. Usted mandó a Angola a un grupo de generales rufianes que fueron a hacer negocios con diamantes y marfiles. O ya se olvidó de todo lo que hizo el General Ochoa o su famoso grupo MS2 que con el pretexto de burlar al bloqueo americano, hasta negocios hicieron con Pablo Escobar y usaron a Cuba como puente del narcotráfico.
Usted no deja de sorprenderme.

En 1961, apenas dos años y tres meses después del Triunfo de la Revolución, una fuerza mercenaria con cañones e infantería blindada, equipada con aviones, fue entrenada y acompañada por buques de guerra y portaviones de Estados Unidos, atacando por sorpresa a nuestro país. Nada podrá justificar aquel alevoso ataque que costó a nuestro país cientos de bajas entre muertos y heridos. De la brigada de asalto proyanki, en ninguna parte consta que se hubiese podido evacuar un solo mercenario. Aviones yankis de combate fueron presentados ante Naciones Unidas como equipos cubanos sublevados.

Lo mismo hizo usted señor Fidel. O no se recuerda cuando organizó un comando de asesinos para buscar a los exmilitares de Batista que habían escapado de la justicia cubana en 1959 y que habían huido de la isla y de sus garras.
También mandó al Ché al Congo para exportar revoluciones, no más que fue un fracaso y tuvo que salir huyendo.
Usted hizo injerencia con el mismo general Ochoa en Venezuela.
Usted nada más ve lo que hicieron los demás, pero lo que hizo usted no lo ve. Definitivamente, no tiene memoria, o simplemente se hace.

Es de sobra conocida la experiencia militar y el poderío de ese país. En África creyeron igualmente que la Cuba revolucionaria sería puesta fácilmente fuera de combate. El ataque por el Sur de Angola por parte de las brigadas motorizadas de Sudáfrica racista los lleva hasta las proximidades de Luanda, la capital de este país. Ahí se inicia una lucha que se prolongó no menos de 15 años. No hablaría siquiera de esto, a menos que tuviera el deber elemental de responder al discurso de Obama en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
No intentaré tampoco dar detalles, solo enfatizar que allí se escribió una página honrosa de la lucha por la liberación del ser humano. De cierta forma yo deseaba que la conducta de Obama fuese correcta. Su origen humilde y su inteligencia natural eran evidentes. Mandela estaba preso de por vida y se había convertido en un gigante de la lucha por la dignidad humana. Un día llegó a mis manos una copia del libro en que se narra parte de la vida de Mandela y ¡oh, sorpresa!: estaba prologado por Barack Obama. Lo ojeé rápidamente. Era increíble el tamaño de la minúscula letra de Mandela precisando datos. Vale la pena haber conocido hombres como aquel.

Sin dudas, su maniática idea de hacer héroes por donde quiera, lo llevó a mandar miles de jóvenes que jamás había tomado un fusil en sus manos. Los que pudieron regresar, llegaron como los militares americanos de Vietnam. Con un síndrome muy parecido. Hasta locos regresaron algunos. A eso le llama honrosa página. ¿Por qué no mandó a su hijo? Mejor no hablemos coma-andante.

Sobre el episodio de Sudáfrica debo señalar otra experiencia. Yo estaba realmente interesado en conocer más detalles sobre la forma en que los sudafricanos habían adquirido las armas nucleares. Solo tenía la información muy precisa de que no pasaban de 10 o 12 bombas. Una fuente segura sería el profesor e investigador Piero Gleijeses, quien había redactado el texto de “Misiones en conflicto: La Habana, Washington y África 1959-1976”; un trabajo excelente. Yo sabía que él era la fuente más segura de lo ocurrido y así se lo comuniqué; me respondió que él no había hablado más del asunto, porque en el texto había respondido a las preguntas del compañero Jorge Risquet, quien había sido embajador o colaborador cubano en Angola, muy amigo suyo. Localicé a Risquet; ya en otras importantes ocupaciones estaba terminando un curso del que le faltaban varias semanas. Esa tarea coincidió con un viaje bastante reciente de Piero a nuestro país; le había advertido a este que Risquet tenía ya algunos años y su salud no era óptima. A los pocos días ocurrió lo que yo temía. Risquet empeoró y falleció. Cuando Piero llegó no había nada que hacer excepto promesas, pero ya yo había logrado información sobre lo que se relacionaba con esa arma y la ayuda que Sudáfrica racista había recibido de Reagan e Israel.

Bla, Bla, Bla…

No sé qué tendrá que decir ahora Obama sobre esta historia. Ignoro qué sabía o no, aunque es muy dudoso que no supiera absolutamente nada. Mi modesta sugerencia es que reflexione y no trate ahora de elaborar teorías sobre la política cubana.

Obama enseñó lo que ustedes dos, jamás han mostrado al pueblo. Humildad. El presidente del país más poderoso del mundo habló sin arrogancia, sin derroche de poderío y olvidándose de quien verdaderamente es. Eso ninguno de ustedes lo aprendió.

Hay una cuestión importante:
Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: “Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos”.
Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza?

Sin embargo usted pretende que cada cubano olvide todo lo que hizo usted. Todos sus crímenes y todo lo que destruyó a nuestra nación.

Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.

¿A qué le llama usted Gloria? Señor, el pueblo cubano lleva 57 años viviendo un sueño muy diferente al de usted. El pueblo nunca ha conocido la gloria que usted ha vivido con sus hijos, con su familia, con sus tantas amantes y eso que usted ha disfrutado lo ha hecho con el dinero que el pueblo no tiene.

Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta.
 Fidel Castro Ruz
 Marzo 27 de 2016
  10 y 25 p.m.


Ojalá y algún día, la historia lo pueda absolver. Creo que los cubano no podrán hacerlo. 

lunes, 21 de marzo de 2016

¡Qué alguien me explique...!


Hoy, como hacía tiempo no pasaba, me he levantado con deseos de escribir. Tal vez, lo que tengo es deseos de  gritar y sacar ese “tsunami” de cosas que me oprimen el pecho, pero tampoco sé si tendría mucho sentido. Siempre he sido negado a la idea de que las cosas pasan porque hay un “por qué”, precisamente porque no creo que lo que no pasa, sea motivo de un “no por qué”. Simplemente no pasan porque no queremos que pasen o porque no tenemos los huevos suficientes para hacer que pasen. Y  así en esa eterna esperanza de que pase algo, llevamos 57 años esperando.

Ayer domingo, llegó Obama a Cuba. Y desde hace unos meses, muchos amigos o conocidos tienen preguntas necesarias. ¿Cómo ves lo del acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos? ¿Crees que ahora sí cambien las cosas? ¿Traerá todo esto realmente un beneficio para los cubanos? Y la verdad, siempre he asumido una posición muy escéptica ante estas preguntas. No sé si tengo motivos o si me he vuelto un incrédulo de todo eso que parece bueno, o porque siempre me acuerdo de un gran amigo al que ya Dios tiene en su seno, que siempre me decía: “Man…, de buenas intenciones está plagado el camino que conduce al infierno”.

Y después de dar mis respuestas escuetas sin muchas ganas de tocar el tema cubano, me hago siempre las mismas preguntas: 

¿Realmente no quiero que haya democracia en Cuba, y que los cubanos puedan de una vez y por todas, deshacerse de tanta represión y censura?

¿Realmente no puedo creer y querer que algún día los dictadores e hijos de su puta madre, Raúl y Fidel, se pudran y paguen por todo el daño que han hecho?

¿Será realmente tan iluso pensar o tener esa gran ilusión de qué esta sonada apertura de Estados Unidos hacia Cuba y el inédito viaje del también inédito presidente negro, Barack Obama a mi Cuba, surta el añorado efecto  de un cambio en la isla?

E inevitablemente mis también escuetas “auto respuestas” me llevan inexorablemente al mismo punto,  porque justamente, me aparecen esos dichosos “por qués” y porque aparece ante mí dando un puñado de bofetadas esa verdad absoluta que la isla sigue sufriendo de una brutal dictadura que no ha hecho el más mínimo cambio significativo desde que reabrió la embajada de Estados Unidos, ni porque otro Papa (iluso o suspicaz), haya visitado a la isla.

Algo tiene mi tierra y mis paisanos (los que viven en ella y los que vivimos fuera) que nos hace ser inentendibles, inexplicables y hasta impredecibles.

Hoy ante la visita de Obama y su pandilla y ante todo este mar de incredulidades políticas, el exilio se divide cada vez más. Ahora ya no es solo la lucha del anticastrismo y de sus afiliados, que durante años han sostenido una riña incansable en contra del régimen, defendiendo a capa y espada sus ideas. Ahora ha surgido la división entre los que ven en estos cambios una esperanza (Siendo también anticastristas) y los que desde posiciones, no menos respetables, pero sí intransigentes, mantienen una extrema negación a los cambios.
Y al final, esa larga estrategia castrista que puso en práctica desde sus inicios, el famoso “Divide y Vencerás” sigue dividiendo a los cubanos.

¿Cuál es el camino correcto? Ojalá y me equivoque. De verdad. Pero ante tanto escepticismo me sale siempre la misma respuesta: No sé qué pasará, pero sigo sin creer en estos cambios, que hasta ahora solo han favorecido a un régimen que ante la certeza de que ya está en fase terminal, quiere redimir ante el mundo sus horrendos crímenes que han llevado a un país a un sufrimiento comparable al de los judíos en el holocausto. Y ahí sigue “El régimen cubano reprimiendo a individuos y a grupos que critican al gobierno y que promueven los derechos humanos”.


Hasta he llegado a dudar, créanme,  en esa pinche y jodida idea de que los cubanos no eran comunistas, sino fidelistas, y el día que Fidel no estuviera en el poder, como un lindo castillo de naipes, todo caería… puta madre, o estoy jodido o que como dice Derbez con uno de sus más controversiales personajes: ¡Qué alguien me explique…!  

miércoles, 11 de noviembre de 2015

EL PROYECTISTA. 2005.

 “Conocemos el delirio,
la canción, el aullido
y el monólogo,
pero no el diálogo”

I

― ¡Ellos son unos rateros! ―gritó uno de las alumnas del primer año de la carrera de psicología mientras señalaba a unos compañeros de clase en un ejercicio práctico.
―Una buena manera de descubrir tus defectos― dijo el maestro― consiste en observar que es lo que te irrita de los demás. ― Hizo una pausa, tomó el sucio borrador y comenzó a pasarlo de una mano a la otra. ―Mira Angelina, en una ocasión mi esposa guardó una caja de bombones en el estante de la cocina, y descubrió más tarde que la caja pesaba bastante menos. Su asombro fue tal cuando descubrió que todos los bombones de la capa inferior habían desaparecido y habían ido a parar a una bolsa de papel que se encontraba encima de las pertenencias de la nueva cocinera. Para no exponer a ésta en una situación embarazosa, mi bondadosa mujer volvió a colocar los bombones en la caja y guardó ésta en la alacena, a fin de evitar nuevas tentaciones. Después de la cena, la cocinera anunció que dejaba su trabajo aquella misma noche.  ¿Por qué?, ¿qué sucede? ―Le pregunté.― ¡No quiero trabajar para personas que roban!.. fue su desafiante respuesta.
― ¡Qué manera más vil de proyectarse!―concluyó Angelina.

II

Doña Celeste, una escultural mujer de unos 38 años de edad, decide visitar al psicoanalista. Después de casi 40 minutos de un extenso monólogo hizo silencio. La doctora Soledad Cañón, renombrada terapista Gestalt y especialista en terapias de parejas, quien la miraba fijamente soltó un suspiro y sin darle tiempo a tomar de nuevo la palabra, le dijo firmemente:
― Doña Celeste, quiero tratar con usted cada cosa que he anotado pacientemente en mi cuaderno, pero antes de entrar en detalles, me gustaría hacerle una observación. ¿Se ha preguntado si en realidad todo lo que me has contado como una queja muy marcada en relación a tu pareja, no son en realidad problemas tuyos que no has querido verlos como tuyo? No quiero ser, ni parecer grosera, pero tengo la seguridad que estoy viendo ante mí un enorme proyector que lo único que está haciendo, valga la redundancia, es proyectarse en los demás.
― No entiendo doctora. ¿Qué es lo que me quiere decir?
― Mire Doña Celeste, cuando le digo que usted se está proyectando hablo de que usted no reconoce para sí misma lo que está viendo o pensando de otras personas. En especial de su marido. Proyectar significa poner en el afuera de sí, en el medio ambiente, lo que es suyo sin reconocerlo como suyo y afirmar que es de otros.
― Vaya, ahora resulta que todo lo que le he dicho son puramente problemas míos que yo no he querido reconocer.
― Bueno, digamos que sí. Pero no se confunda. No he dicho que los demás no puedan tener problemas, pero es muy común que uno en forma inconsciente o por conveniencia propia, puede no reconocer que lo que pensamos del otro realmente nos corresponde aplicárnoslo a nosotros mismos. Y esto es muy sencillo: Al  ser usted incapaz de soportar la responsabilidad de sus propios deseos y sentimientos, impulsos y acciones, se los adjudica a objetos o personas en el ambiente. ¿Me explico?
― Si se explica, pero no acabo de localizar en donde me esté pasando esto a mí.
― Vuelvo a repetírselo Doña Celeste, este proceso ocurre de una manera inconsciente. Usted me ha contado defecto tras defecto todo lo que mal en su marido… que la odia, que la humilla, que hasta la maltrata, que es un conformista, un bueno para nada, un alcohólico empedernido, un derrochador, un impulsivo que no es capaz de pensar antes de decir algo, que ofende y agrede a todos… en fin, miles de atributos que no solo me ha dicho a mí según usted, sino que lo ha manifestado en su círculo de amigas. Según usted, está hasta la madre.
—Sí.
—Mire, hay mucho casos como el suyo y si quiere les pongo algunos ejemplos. Imagine a una persona fría que acusa a los demás de ser pocos amistosos con él. Imagine a una mujer muy inhibida o muy desinhibida que se queja de que todos quieren con ella y que los hombres solo están pensando en el sexo. Imagine a una persona que acusa a todo el mundo de mentir. Imagine a una persona que critica severamente a todo aquel que sea homosexual, o a todo el que tenga una conducta que para él resulta impropia. En el fondo, esa persona se está proyectándo. Podemos proyectar tanto defectos como virtudes, potencialidades como realidades, deseos, fantasías, emociones, pensamientos, cualquiera cosa que nos pertenezca. Además también llegamos  a despojarnos de los órganos donde nace el impulso o deseo rechazado. Es un mecanismo muy importante pero si hacemos uso excesivo de éste elemento y por mucho tiempo, sería como irnos quitando partes, como irnos desmembrando, descuartizando, despedazándonos nosotros mismos. Es más que el simple hecho de desconocer partes de nosotros que creemos malas y nosotros básicamente no somos malos, es la sociedad quien al educarnos a través de sus diferentes instancias; familia, escuela, religión, costumbres sociales, normas sociales etc.,  clasifica  los comportamientos como buenos o malos, y entonces nos desprendemos hasta de partes que universalmente se consideran buenas e impedimos que nuestro cuerpo participe y goce de la vida.
― Entonces cuando yo critico a alguien severamente y le achaco ciertos defectos… ¿lo que estoy viendo son los mío?
― Mire, digamos que sí, pero quiero ser precisa. No siempre ocurre, pero en la gran mayoría de los casos sí. Por lo general las personas que se proyectan no se dan cuenta que lo hacen y hasta pueden llegar a convertirse en inquisidores de otros.  Te vuelves un acusador. La proyección no consiste tan solo en quitarnos lo que no nos gusta de nosotros y colocársela a otro. No queda allí la acción, no solo nos desprendemos de partes de nosotros y ya. ¡No!, además lo vemos afuera y lo denunciamos. Es decir, no solo lo rechazamos en nosotros, sino que acusamos, culpamos a la persona  o evento que nos sirve de pantalla. Y luego actuamos conforme a lo proyectado. Insisto es un proceso totalmente inconsciente como un mecanismo de defensa y de lo único que nos damos cuenta es de sus consecuencias. Y créame Doña Celeste, las consecuencias están muy claras y de seguro por eso ha decidido usted hoy dar el paso de venirme a ver. Cuando utiliza la proyección, que es un mecanismo psicológico suyo, ve lo suyo en los demás. ¡Es la otra persona!... Es en la otra persona o cosa donde esta tal o cual cosa. No en usted. Allá está. Toda la sarta de críticas sin sentido que ha hecho de su marido y que acabo de escuchar, generalmente son las críticas que no se hace a usted misma. Simplemente usted está asumiendo que: usted está bien y él está mal. El mundo entero está jodido, y usted está bien. Usted nunca se equivoca. Usted sin darse cuenta se ha especializado en detectar lo que para usted es un defecto en otros, luego que lo detecta, lo amplifica, y se lo muestra a medio mundo, sin tapujos, sin clemencia, y lo peor, sin darse cuenta que en el caso especifico de su pareja lo único que hace es ridiculizarla ante los demás. ¿Por qué sigue con él si habla tan mal de él?― Doña Celeste bajó la cabeza pero la Doctora no quitó el dedo del renglón.― Pero ahí no para todo, digamos que usted es demasiado inteligente y no proyecta de primera intención, busca primeramente con una gran lupa en la mano y luego encuentra; y como sí hay tela de donde cortar, lo descubre y de pasada le agrega de su cosecha. Desplaza su atención y la atención de los demás sobre la atormentada víctima. ¡Él es!
― Doctora, creo que me está hablando muy fuerte…
― Ni tanto, lo que sucede es que no estás escuchando lo que en realidad quieres oír y créeme que yo no te lo voy a decir. Yo no voy a seguir el juego de tus amigas que te dan en todo la razón. Nada más te aconsejo que tengas mucho cuidado, porque otra consecuencia de la proyección es que se regresa lo proyectado. Cuando llegue a este punto, le advierto Doña Celeste que ya  empieza a complicarse  más su vida y su función de proyector, porque entonces empieza a tomar el papel de victima y lo acabo de escuchar de su boca y eso me dice que usted no pudo ver, o sentir, o darse cuenta de que odia a su marido, pero a través de la proyección, proyectó y colocó ese odio en él cuando dijo: él es el que me odia, ¡yo no lo odio!, yo soy todo amor y dulzura. Y hasta allí queda la acusación y denuncia. Pero esto en ocasiones no es suficiente, así que además, el proyector “no solo sabe que hace el otro: ¡me odia!” Sino que también sabe a quién  va dirigido su odio.  Conoce el remitente, el contenido y el destino de la carta: él “me odia” a mí. Ahora usted acusa, denuncia y reprocha. Y no me asombraría que en cualquier momento me digas: “Doctora yo soy la víctima”. Empieza a temerle al otro. La responsabilidad está en los otros. Todas mis desgracias son por su culpa. El otro o los otros son los depósitos de nuestra basura. No es fácil que uno se le acerque con mucha confianza a un bote de basura. “Yo no soy, es él”. “Yo no fui, fue él”. “El siempre quiere competir y ser el centro”. “Él no es digno de mi confianza”.
― Usted insiste entonces que yo soy el proyector y que además me estoy convirtiendo en victima.
― Es evidente. El proyector se está convirtiendo en  la victima de las circunstancias que él está provocando. Imagínate la siguiente sentencia filosófica que hemos escuchado por mucho tiempo: tú eres el arquitecto de tu propio destino. Hay muchas cosas, pero muchas que sabemos a “plena conciencia” que nosotros somos responsables de ellas, y no hacemos nada por cambiarlo.
― Por lo que veo Doctora, según usted soy un verdadero verdugo.
― Justamente ahí quería llegar. Esa es la parte más difícil de la proyección. Me vuelvo juez, juzgo, y me pongo la capucha del verdugo. Me vuelvo frío, cruel. Mis críticas ahora son sádicas. Me vuelvo insensible y despiadado en mis observaciones y puedo castigar. La compasión en cuanto a ese tema huyó de mí. Corrijo lo que no puedo corregir en mí. Al usar la proyección, lo proyectado tiende a tener una existencia propia y objetiva, de modo que puede culpar a los demás de sus problemas sin encarar el hecho de que son partes de él mismo. Del propio proyector. Ahora el  proyector le hace a los demás, lo que él acusa a los demás de hacerle a él. “Tú me tienes envidia”, “Tú siempre estás rivalizando conmigo”.
― Yo quisiera que usted viviera con mi marido solo un día doctora. ¡Un día! Es más, si su cumpleaños está cerca se lo regalo con un lindo moño. Y después de todo esto que me ha dicho se va a dar cuenta que está siendo verdaderamente cruel conmigo. Pero siga, espero que antes de que se acabe el tiempo de consulta, me dé solo diez minutos para decirle algo. Y ahora continúe hablando que todo esto me resulta muy interesante.
― Sé que pretende de ese tiempo para defenderse y le voy a decir algo: No acostumbro a entrar en debate con mis pacientes, pero voy a hacer una excepción con usted. ― La doctora prendió un cigarro y después de exhalar el humo preguntó: ― ¿dónde nos quedamos?
― En que yo era un verdugo… ― respondió Doña Celeste.
― Entonces vas a escuchar mis conclusiones para que después te defiendas. Doña Celeste, la proyección es un mecanismo de defensa que utilizamos todos o podemos utilizar todos, lo repito, lo utilizamos todos, y lo utilizamos según las circunstancias nos obliguen a emplearlo, y por lo general recurrimos a éste mecanismo  junto con otros mecanismos de defensa psicológica. Ahora bien, cuando usamos la proyección sobre todo en forma continua y sostenida por mucho tiempo nos impide valorarnos adecuadamente a nosotros mismo. Definitivamente, cuando proyectamos, el resultado de la valoración de la realidad es que “esa  es nuestra verdad”. En ese momento cualquier teoría sobre la comunicación sale sobrando. Frases tan simples como “cada cabeza es un mundo”, “estás ciego, no ves bien las cosas”, “es lo que tu te imaginas” etc., son frases totalmente incomprensibles e impenetrables a la toma de conciencia y carecen de toda intención de empatía para el proyector. Durante los estados proyectivos, existe una incapacidad para juzgarse a sí mismo ya sea negativamente o positivamente. En cambio, sí puedes juzgar al otro. Pero como es una valoración basada en la proyección, por lo tanto ésta valoración jamás será justa, es una valoración falsa, en donde el otro por anticipado o sale perdiendo o sale ganado; y yo, el proyector salgo ganando o salgo perdiendo, pero nunca, nunca... ¡nunca soy yo! Y siento decirte que ya el tiempo ha concluido. Le doy sus 10 minutos, y no pierda tiempo, porque para mí el tiempo es dinero.


III

― Después de escuchar toda esta disertación, me inclino, aplaudo y le digo de la forma más sincera que mis respetos para usted. Hoy me ha dado una cátedra de proyección como me la dio en su momento el Profesor Barrio Nuevo cuando estaba yo en el primer año de la carrera de psicología. Carrera que nunca ejercí por circunstancias de la vida que me llevaron a abandonar algunos planes con los que me había ilusionado, y uno de ellos era el de ser una exitosa psicoanalista. Estuve por casi 5 años viviendo en París, me casé con un francés que lo primero que hizo cuando nos conocimos fue decirme que por mi fisionomía yo parecía llamarme Celeste y así me bautizó. Ya muy pocos amigos me llaman Angelina. Pero eso no es lo importante. Lo verdaderamente importante es que hoy usted con su brillante sabiduría a quien ha psicoanalizado no ha sido a mí, sino a mi esposo. Necesitaba escuchar lo que yo sospechaba, pero no quería dar una conclusión y saltar la opinión de un experto. Todo lo que le he dicho es lo que él hace y dice de mí. Todo lo que habla mal de mí, lo que me critica, lo que me humilla y lo que verdaderamente me hace sentir. Ahora espero que para la próxima consulta usted me diga ¿Cómo lo hago cambiar?
― Mire señora, en otro momento le hubiera dicho que usted a mi no me ve más el pelo porque me has chamaqueado miserablemente y no me di cuenta. Pero tengo que confesar que me has caído muy bien, así que te daré un consejito: Mejor pregúntate o investiga: ¿qué hace que nos proyectemos? Entonces antes de mandarte a la chingada te digo que tienes de dos sopas: Me lo traes para que yo lo componga buscando en el fondo de “sus introyectos”, o definitivamente mándalo de regreso a París. Y qué pena… a veces escogemos a la pareja para la que nos alcanzó.





Cuento escrito en 2005 para un concurso de Psicología Gestalt sobre La Proyección y los Introyectos.