domingo, 12 de agosto de 2018

LA CENICIENTA. VERSIÓN CUBANA



ANDAR CIENFUEGOS CON UN POCO DE HUMOR Y SARCASMO CON EL CUENTO: LA CENICIENTA.
(Cualquier parecido con la realidad es pura realidad)

Hubo una vez, hace mucho, pero mucho tiempo, por allá por Cienfuegos una chica muy linda, tan linda que no tengo las palabras, ni los adjetivos apropiados para poder describirla. En el barrio, todos la llamaban Cenicienta, por su gran parecido con la protagonista del famoso cuento infantil.

Cenicienta era pobre (como todo el mundo lo era en Cienfuegos después que triunfó otro cuento, este de terror, al que llamaron Revolución), no tenía padres (porque en el año 94 intentaron fugarse en una balsa para la Yuma, pero desgraciadamente nadie supo nada de ellos) y desde entonces, vivía con su ahora Tía-Madrastra, una mujer viuda muy cascarrabias que siempre estaba enfadada y dando órdenes y gritos a todo el mundo. Cuentan las malas lenguas que la señora poseía un síndrome llamado ESPORNOSI, un mal caracterizado por brotes continuos de histeria que pueden poseer, tanto hombres como mujeres, cuando llevan mucho tiempo sin tener sexo y por supuesto, sin sentir un orgasmo. En el lenguaje callejero este síndrome era conocido como “Es por no singar”

Se dice también que esta Tía-Madrastra era presidente de una organización de masas (que nada tenía que ver con masas comestibles) denominada C.D.R. que se dedicaba a vigilar y chivatear a todo el que vivía en la cuadra.

Con la Tía-Madrastra también vivían sus dos hijas, que eran muy feas e insoportables. Además de poseer distinguidas cualidades típicas del hombre nuevo (Chivatas, breteras, chismosas, enredadoras, envidiosas y por supuesto, al servicio de la tiranía). Lo mismo chivateaban en la cuadra donde vivían que en las escuelas donde habían estudiado. Su afán de hacer daño, era un mal congénito. A tal extremo que se dedicaron a difamar a la Cenicienta, diciéndoles a todo el mundo que era una chica fácil y que a todo el que llegaba a la casa se le sentaba en las piernas. Su principal objetivo era opcara la belleza y la reputación de Cenicienta y que los galanes machistas no se fijaran en ella…, de ahí que la apodaron “La Setesienta”. Y así regaron la bola por todo la cuadra, y la bola fue creciendo y creciendo hasta que todos la llamaban La Setecienta.

Cuentan que esta hermosa chica, era la que hacía los trabajos más duros de la casa, como por ejemplo limpiar los baños, la cocina, el patio y hasta mantener impecable el jardín. Planchaba, lavaba y se la trataban como a una autentica criada. Tampoco tenía amigos, solo a dos amigos imaginarios, muy simpáticos a los cuales les contaba todos sus sufrimientos y a los maltratos a la que era sometida por parte de su familia adoptiva.

Un buen día, sucedió algo inesperado; el Delegado de la Circunscripción del barrio de Punta Gorda, hizo saber a todos los habitantes que invitaba a todas las chicas jóvenes a un gran baile que se celebraría en Palacio de Valle, para seleccionar a la chica más hermosa de la Circunscripción y de paso, encontrar una esposa para el hijo del Primer Secretario del Partido de la provincia de Cienfuegos; para casarse con ella y convertirla en la princesa de Punta Gorda. La noticia llego a los oídos de La Setesienta, y se puso muy contenta. «Al fin podré librarme de esta familia tan castrante». Pensó.

Por unos instantes soñó con lo que implicaba ser la futura esposa del hijo del Primer Secretario del Partido:

«Coño, ahora podré pasear en un lada 2107, podré ir a varadero en Vacaciones y visitar los mejores hoteles de Cuba al cual solo pueden ir los extranjeros, podré ir a las casas de visitas en las mejores playas de Cuba, no pasaré hambre, tendré chofer que para que me lleve a todas partes y sobre todo poder irme a estudiar una carrera al extranjero en países capitalistas y vivir como toda una primera dama, usando el dinero del gobierno. ¡Eso sí que es vida!» pensaba y comentaba La Setesienta con sus dos amigos imaginarios. Pero ella sabía que no le sería fácil poder asistir al gran baile, porque ya su Tía-Madrastra le había dicho—: Tú, Setesienta, no irás al baile del Delegado, porque te quedarás aquí en casa haciendo lo que siempre haces, limpiando, lavando y cocinando para cuando nosotras volvamos podamos comer esa rica comida que es lo único bueno que sabes hacer bien.

Esa noche, nuestra hermosa Setesienta lloró en su habitación desconsoladamente. Estaba muy triste porque ella quería ir al baile y conocer al hijo del primer secretario del PCC.

Al cabo de unos días llegó la esperada fecha. La Setesienta veía como sus primas-hermanastras se arreglaban y se intentaban poner guapas y bonitas, pero era imposible, porque eran tan feas que en realidad le metían miedo al susto. «Ñooo, parecen brujas», pensaba La Setesienta mientras las ayudaba a vestirse.

Al llegar la noche, su Tía-Madrastra y hermanastras partieron hacia el palacio de Valle, y La Setesienta, sola en casa, una vez más se puso a llorar de tristeza. Entre llanto y llanto, dijo en voz alta—: ¿Por qué seré tan desgraciada? Por favor, si hay algún ser mágico que pueda ayudarme…—decía La Setesienta con desesperación.

De pronto, sucedió algo increíble; se le aparecieron sus amigos imaginarios acompañados de un grupo numeroso de amigos que acababan de pasar por la shoping y traían ropa y zapatos para la Setesienta. Uno de ellos se dirigió a ella con voz muy ronca.

—Mira Setesienta, nojotros nos dedicamos al bisne del tráfico de divisas y estamos muy bien conectados, así que no tienes de qué preocuparte. Aquí tienes este vestido —dijo mientras señalaba a uno de sus amigos que portaba una bolsa con el vestido. Al ver la cara de la chica como se trasformaba en alegría, dibujó en su rostro una sonrisa de oreja a oreja que permitía mostrar su horrible diente de oro.

—Este es un vestido de $40 dólares, con esto vas a dejar ciego a toda esa bola de muertos de hambres que van a estar en ese baile, sobre todo al hijo de quien tú sabes…—le dijo el chico que traía el vestido.

—Y aquí tienes el mejor par de tacones que se va a lucir esta noche en ese baile —volvió a hablar el del diente de oro al tiempo que hacía señas a otro joven de unos 20 años que venía en el grupo.

El joven se los entregó y cuando Setesienta los sacó de la caja quedó pasmada del asombro. Unos zapatos espectaculares con unos tacones de casi 15 cms de alto y una belleza inigualable.

El del diente de oro les hizo señas a dos muchachas que venían en el grupo para que se llevaran a La Setesienta y la ayudaran a vestirse y maquillarse mientras ellos, el resto de la pandilla, se iban hacía donde habían dejado estacionado un Moskovish color rojo muy maltratado.

No hubo uno de ellos que no hiciera una señal de asombro cuando vieron ante sus ojos a La Setesienta. Se veía reluciente, espectacularmente hermosa. Todos incluyendo a las chicas mostraron una sonrisa de satisfacción y alegría.

Fue entonces que el tipo del diente de oro se acercó a la Setecienta y le dijo:

—Setesienta, ten en cuenta una cosa muy importante: A las 12 de la noche, tienes que salir corriendo de la fiesta. Nojotros te vamos a estar esperando afuera, porque a las 12:15 es el cambio de turno en la shopping y tenemos que entregarle estas ropas a un amigo que trabaja ahí para que al hacer el inventario de fin de turno, no lo vayan a meter preso porque tenga algún faltante. ¿Tú me entiendes?

—Entendido —dijo la Setecienta, al tiempo que se subía en la parte trasera del Moskovish y el nagüe del diente de oro se la llevaba a toda velocidad para el baile.

Cuando La Setesienta llegó al palacio de Valle, causo mucha impresión a todos los asistentes, no había ninguna de las concursantes que mostrara tanta belleza, La Setesienta estaba preciosa e incomparable a ninguna.

El hijo del primer secretario del PCC, no tardó en darse cuenta de la presencia de esa joven tan bonita. Se dirigió hacia ella y le preguntó si quería bailar. La Setesienta, le dijo —: si!, claro que sí!—, y estuvieron bailando durante casi dos horas, ante las miradas de envidia del resto de las chicas aspirantes a novia, que el chico ni, sin tan siquiera, miró.

Las hermanastras de La Setesienta no la reconocieron, debido a que ella siempre estaba sucia y mal vestida, incluso se preguntaban quién sería aquella chica tan preciosa.

Pero de repente cuando la Setesienta se dio cuenta que eran casi las 12 exclamó:

— ¡Oh, Virgen del miembro! ¡Tengo que irme! —le dijo a su príncipe azul y salió a toda prisa del salón de baile, bajó la escalinata del chalet de Valle perdiendo en su huida uno de sus zapatos, que el chico encontró mientras corría detrás de ella. Lo agarró en sus manos, los olió y exclamó:

—Búsquenla.

A partir de ese momento, el hijo del primer secretario ya sabía quién iba a ser la futura esposa que lo acompañaría a disfrutar de todas los beneficios que le daba la revolución a sus dirigentes y sus familiares. El problema estaba en cómo encontrarla.

Fue entonces, que para encontrar a esa bella joven que parecía que se la había tragado la tierra, el hijo del Primer secretario del PCC ideó un plan. Se casaría con aquella chica que pudiera calzarse el zapato que había encontrado y celosamente guardado.

Envió a sus sirvientes, perdón, a los escoltas de su papá a recorrer todo el barrio de Punta Gorda, movilizó además al jefe de sector de Playa Alegre y se buscó como apoyo —fuera de la logística del gobierno provincial— a un grupo de malas cabezas que vivían en El Barrio de Reina y les dijo:

—Les juro que si no encuentran a esa tipa, les voy a echar detrás a toda la PNR de Cienfuegos, para que desarticular toda esa red que ustedes tienen del juego de la Bolita… así que tienes dos opciones; o me apoyan o me apoyan.

Pues ya podrán imaginar el alboroto que se armó entre todas las jóvenes y no tan jóvenes del Barrio de Punta Gorda.

Chicas y mujeres se probaban el el elegante zapato, pero el zapato era único en su estilo y también la única talla que había llegado al Shoping de Cienfuegos. No había ni una a la que le sirviera el dichoso zapato.

Al cabo de unas semanas, los sirvientes, perdón siempre me confundo, los escoltas y tracatates del Primer secretario del PCC de la provincia de Cienfuegos llegaron a casa de La Setesienta, un chalet muy bonito, muy cerca de los caballitos que estaban en Playa Alegre, a la entrada de lo que todos conocían como La Laguna del Cura.

La Tía-Madrastra llamó a sus feas y horrorosas hijas para que probasen el zapato, pero evidentemente aquél estilizado zapato no cabía en sus gordos y maltratados pies.

Uno de los sirvientes, perdón otra vez, uno de los escoltas del Primer Secretario vio a La Setesienta, sentada y por razones obvias, en un rincón de la casa, y exclamó:

—Eh!, ¡Tú también tienes que probarte el zapato!

La madrastra dijo casi gritando:

—Oye tú, esa cochina ni fue a la fiesta. ¿Cómo creé tú que La Setesienta sea la chica que busca el hijo del Primer secretario?, ella es pobre, y además sus padres fueron de las escorias que abandonaron al país cuando lo de los balseros. Y esa niña que usted ve ahí es una gusana anticastrista, que siempre está hablando peste de nuestro comandante en jefe. Aquí las únicas que son militantes son mis hermosas hijas que son capaces de dar la vida si fuera necesario por defender a nuestra revolución.

El sir…, perdón el escolta, hizo caso omiso a los gritos de la Tía-Madrastra y fue a probarle el zapato… Cuál fue su sorpresa cuando La Setesienta se puso el zapato y le encajo a la perfección, todos los presentes se quedaron boquiabiertos.

—¡Oooh!, es ella! la futura esposa del hijo del primer secretario del PCC!

Inmediatamente la llevaron al Partido Provincial y a los pocos días se casó con el hijo del primer secretario.

Nunca más volvió con su Tía-Madrastra, y hasta los días de hoy vive felizmente casada con el hijo de aquel ex primer Secretario del PCC de Cienfuegos.

Y cuenta una mariposa, que volaba sobre la campiña francesa, que vio desde su rosal, guardados en un caja de cristal aquel zapato que sacó a La Setesienta de la pobreza total —como a todos los familiares de grandes dirigentes que han robado todo lo que le toca al pueblo, mientras este se muere de hambre y desolación.

COLORÍN COLORADO, ESTE CUENTO SALIÓ POR UN CALLEJÓN DORADO Y EL TUYO, AÚN NO HA EMPEZADO.

3 comentarios:

  1. Me ha encantado la versión.
    Hace unos tres años yo también hice en mi blog unas cuantas versiones personales de cuentos. No podía faltar el de La Cenicienta . Hay quien dice que está relacionado con los actuales Reyes de España.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. No sabía esa historia...
      un gran abrazo Chema

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  2. Una versión en un país tan especial como difícil. Me encantó este giro del cuento clásico.

    Un abrazo

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