miércoles, 22 de octubre de 2014

Las Orgías de mi Papá.


Se dice fácil, tal vez se lea fácil, pero para mí que lo viví en carne propia es todo lo contrario. Mucho se ha escrito y hablado de mí. Solo yo sé la verdad. Y una de las verdades más duras de mi vida, es haber tenido un padre, que primero fue amante de mi abuela, después de mi madre y por último… mi amante.
Uno de los sucesos más grotescos que aún conservo, entre tantos hechos por mi padre, sucedió durante la última noche de octubre de… perdonen mi memoria, pero fue hace mucho tiempo…
Esa noche, se invitó a importantes hombres a participar de un banquete, en donde hubo distintas comidas y bebidas. Luego de la cena, fueron recogidas las mesas y se procedió a la parte bailable. Me apasionaba tanto el arte y ese místico lenguaje corporal que traducía historias creadas por verdaderos talentos. Una vez terminado esto, se procedió al ballet, en donde cierto número de candelabros fueron colocados en el suelo, y entre ellos fueron esparcidas castañas que las cortesanas desnudas tenían que coger con la boca pasando de manera sugerente por las velas.
Y fue ahí donde la cosa tomó un rumbo muy sorprende para mí.
Mi padre se puso de pie y gritó:
Qué comience la orgía.
Fue entonces, que todos los presentes se desnudamos y tuvieron sexo con las prostitutas contratadas por mi hermano. Mi padre, en un acto de generosidad, ofreció premios de todo tipo. Para los menos potentes sexualmente, hubo también regalos - dobletes de seda, de pares de zapatos, sombreros y otras prendas de vestir.
Los criados por su parte, llevaban la cuenta de la cantidad de orgasmos de cada invitado, ya que mi padre premiaría con joyas y ropajes lujosos a los 3 hombres que hubieran eyaculado un mayor número de veces.
No puedo negar, que me calenté hasta un punto tal, que le pedí a mi hermano que me acompañara a mis aposentos.
Lucrecia, tu corazón late muy acelerado.
Vamos Cesar, no disimules más, sé lo que sientes por mí y quiero desahogar este fuego que me quema por dentro… vamos, apúrate que no te invité para que me vieras masturbar.
Dicho esto, mi hermano se abalanzó sobre mí y nos fundimos en uno de los momentos sexuales más apasionados que recuerdo en mi vida. Y miren que tuve muchos.
Que lastima hoy no se vivan esas cosas en el Vaticano…



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