sábado, 31 de mayo de 2014

El espejo del Alma.


Tus ojos destilan
un lenguaje de múltiples desdobles.

Con lentes,
tu mirada expresa la intelectualidad
de un universo diferente.

Sin lentes,
tus ojos hablan mil idiomas:

Al amanecer,
aún soñolienta por el largo sueño de una noche,
ilustras toda la ternura que hierve en tus cimientos
y es el momento justo en que tu mirada
incita a un placer sin condiciones,
sin límites ni intrusos de moral de plásticos contornos.

Al medio día,
tus ojos irradian tu sensatez,
tu madurez,
tu soberbia,
tu osadía,
mezclando historias,
verdades y aventuras
en el espléndido compendio de tu vida.

Al atardecer,
cuando el sol quiere ponerse
en un horizonte ya caduco,
tu mirada esculpe compasiones,
pasados no queridos,
presentes añorados.

En las noches,
cuando hablamos abrazados y desnudos
en la sobremesa de un orgasmo placentero,
el color pardo de tus ojos se torna casi negro,
desdoblando la calma en osadía,
el silencio en múltiples gemidos,
el optimismo en placeres desmedidos
y la cordura en una infinita lujuria de titanes.

En ese instante
es cuando lo frío desaparece,
y con lentes o sin lentes
tus ojos me pierden
en la inmensidad de tus entrañas.



viernes, 23 de mayo de 2014

Gemidos


Sientes el leve suspiro que sale de mis labios
mientras saborean el néctar de tus pechos
y galopan al abrigo de tu piel
hasta sumergirse en tanta carne viva.

Anoche, después de meditar…
volamos juntos al espacio
y ahí…
en ese pedazo de vacío casi virgen
y en contra de las leyes de la física

se escucharon tus gemidos...



lunes, 19 de mayo de 2014

Entre Tangos te tengo.


Nos conocimos en un tango,
en una mañana de Abril, en "Caminito" 
Tal Vez...

¿Acaso el tango fue el lugar?

Y me dije:
Tango que besarla,
Tango que amarla,
Tango que ser de ella.
Y entre Tango, te tengo,
y soy feliz porque te Tango.
Porque hoy sé que Tango
lo que tengo que tener.

Y te dije: Escúchame.
Soy el as bajo tu Tango.
Y tú eres la luz desde mi Tango.

Y de pronto el Tango no fue música:
fue destino,
fue presente,
fue arrebato.

Tango en tus manos,
Tango en tus ojos,
Tango en tus labios.

Y es por eso que el Tango no se baila por bailarse:
se hace, como el amor.
se siente como el amor.
se vive como el amor.
Por eso, tú eres el amor.

Tal vez el Tango eres tú:
por eso te bailo porque te siento,
y te toco porque te vivo
y te tengo porque eres Tango.

Tal vez el Tango es palabra,
tal vez el Tango es un hecho,
tal vez somos el Tango que resurge
entre tantos recuerdos.

Tal vez… 




sábado, 10 de mayo de 2014

El Gran Premio.


Cinco años después de la entrada triunfal de Fidel a la Habana, frente al gran jurado, el escritor Bonifacio Paniagua de la Sierra, recordaba amargamente cada uno de los sucesos que lo habían hecho ascender al Olimpo de los héroes. Tumba la Burra, poblado de unos diez bohíos a lo máximo, y enclavado en lo más recóndito de la Sierra del Escambray, se engalanaba y sorprendía al mismo tiempo, con la noticia de que el ahora jefe del sector de policía del caserío,  al servicio de la revolución recién triunfada, subiera como la espuma de la noche a la mañana, sin algún antecedente conocido de ser un estudioso de las letras, y mucho menos de que supiera leer o escribir.

***

Cinco años bastaron para que culminara su obra. Ese día conocería la ciudad. La Habana, capital de la isla y que todavía rebosante de belleza conservaba el tenue maquillaje de lo que había sido en su época de esplendor. Bonifacio quedó tan enamorado de la Habana como quedaron en su tiempo, Charles “Lucky” Luciano y Meyer "The Little Man" Lansky, cuando se reunieron en aquel histórico encuentro de la mafia estadounidense y el Sindicato del crimen judío a finales de la década de los 40. Todos querían una tajada de aquel maravilloso pastel, del cual ya quedaba solo los olores. Pero aun así, las viejas paredes del Hotel Nacional conservaban la historia. Y allí, junto a todo el vendaval de arquitectura y años, estaba Bonifacio. Más asustado que alegre, y más nervioso que el día que decidió robarle al General Buenrostro aquel portafolio lleno de dinero y documentos que le habían confiado a su custodia.
Llegó a la habitación todo tembloroso. Tanto lujo no estaba concebido en la mente de un guajiro de monte adentro. Con miedo de no ensuciar nada, caminó sigilosamente hacia la cama, se dejó caer como cerdo en su chiquero y no tardó un tiempo más largo del que canta un gallo para quedarse completamente dormido. Parecía muerto. Parecía contento.  Al amanecer, estaría a las puertas de su gran día. El gran premio Casa de las Américas. ¿Sería suyo? Solo era cuestión de tiempo.

***

El Cementerio de Cristóbal Colón es una de las 21 necrópolis existentes en la ciudad de La Habana. Se dice que por su gran número de obras escultóricas y arquitectónicas, muchos especialistas lo sitúan como segundo de más importancia en el mundo, precedido solamente por el de Staglieno en Génova, Italia.
Ese fue el escenario al que sin saber cómo y a punto del amanecer, el botones Arcadio, había llevado a Bonifacio. Quería develarle un gran secreto que de hecho le había puesto la piel más erizada que la de un pollo sin plumas. Siguiendo sus indicaciones, se acomodaron en un rincón muy discreto desde el cual dominaban una buena visión del solitario cementerio. Se sentaron en silencio a observar tumbas y flores ya avejentadas por el tiempo. Arcadio parecía una estaca. No decía ni esta boca es mía y su rostro aparentaba el de un enfermo en fase terminal. Esto hizo que el asustado de Bonifacio, empezara a impacientarse.
−Esto está más muerto que los muertos que guarda.
−No comas ansias Bonifacio. Dicen por ahí que la paciencia es la madre de toda la ciencia. Observa bien. Mira cuanta quietud. Pero no por eso está muerto. Aquí yacen los recuerdos de miles y miles de personas. Todos sus misterios, sus sensaciones, sus ilusiones y frustraciones, lo que soñaron y lograron y lo que jamás pudieron alcanzar. Sus aventuras, las conquistas, los amores y también los desamores. Sus condenas cumplidas o por cumplir. Sus venganzas, las que consiguieron llevar a buen fin y las que aún esperan cumplirse. Todo cuanto puedas imaginar, está atrapado en todas estas lápidas.
Bonifacio tembló por un instante.
−Todavía no alcanzo a entender la vida, como para estar entendiendo a la muerte.
−Eso es justo lo que quiero mostrarte. Dentro de unas horas, saltarás del anonimato a la fama. − dijo esto mostrándole el libro que presentaría Bonifacio. − Esta es tu gran novela. No dudo ni tantito que ganes algún premio o hasta el gran premio.
Bonifacio tomó el libro en sus manos. Y para su gran sorpresa, en lugar de su nombre, tenía el de otro autor.
−Tú más que nadie sabes que esa novela no es de tu autoría,  porque si lo has olvidado, yo no, pero tú ni escribir bien sabes, y mucho menos leer. Pero eso no importa. El día que robaste aquel portafolio a mi padre, también te llevaste el manuscrito de esta historia que yo acababa de escribir. Estoy seguro que pensaste que era de él y que con su fusilamiento todo quedaría en el olvido. Pero no. Llevo años tratando de localizarte y hasta hace unos días me enteré por la prensa de este libro, de tu historia y del autor. Como podrás imaginar ya no puedo hacer nada. El tiempo conspiró en mi contra, además de que nadie me creería, dado que soy hijo de un ex militar que torturó, robó e hizo demasiado daño durante el gobierno de Batista y  que además fue tu jefe y compañero de andanzas. Creo que si este jurado y hasta la misma revolución a la que sirves hoy como esbirro, se enteraran que tú también torturaste y mataste a muchos por creer que eran revoltosos revolucionarios, este premio jamás te lo darían…, pero no solo eso, me imagino que perderás tu puesto de jefe del sector de Policía y hasta una buena celda esté ya preparada para recibirte. Pero tienes mucha suerte Bonifacio. Como la tuviste cuando triunfó esta porquería de revolución y te hiciste pasar por revolucionario y que no te agarraran los del movimiento 26 de julio. Tienes mucha suerte. Dentro de unos escasos minutos, develaré ante ti, que este gran secreto quedará también guardado en este silencioso cementerio. Y que como siempre, te saldrás con la tuya.
Y en efecto. Justamente cuando el reloj anunciaba las ocho de la mañana, entró al cementerio un cortejo fúnebre. Desde donde estaba, Bonifacio lo siguió con la vista. Todavía sostenía el libro en sus manos. Pero Arcadio no estaba a su lado. Esperó un rato y luego caminó lentamente hacia donde el nuevo habitante del cementerio ocuparía un espacio eterno. Un escaso grupo de mujeres lloraban, y una de más edad, que debía ser la madre del muerto, colocó las últimas flores sobre la tumba. Nadie habló ni para dedicarle una palabras de despedida. 
Muy pronto todo volvería a la inmensa calma, que era la mayor característica de aquel legendario cementerio. Fue entonces que Bonifacio se acercó a la tumba y pudo leer el mismo nombre que había leído hacía unos minutos en su libro. Arcadio Buenrostro (1930-1964)

***

Eran casi las nueves cuando el botones despertó a Bonifacio.
−Se le va a hacer tarde señor. Ya lo esperan en el vestíbulo del hotel.
Y ese día, cinco años después de la entrada triunfante de Fidel a La Habana, Bonifacio Paniagua de la Sierra, saltó del anonimato a la fama. Su novela fue un éxito rotundo. Aunque en Tumba la Burra, nadie supo jamás de aquel enigmático jefe del sector de policía, convertido de la noche a la mañana en escritor. Hay quien dice que se suicidó unos días después del gran premio porque no pudo con la fama. Pero la realidad es mucho más cruel. Hoy Bonifacio, a pesar de su avanzada edad, está ocupando un puesto de jerarquía en las altas esferas de la literatura cubana.



viernes, 9 de mayo de 2014

Ya siento que vuelo


― ¿Qué quieres sentir? ― te pregunté.
― Quiero volar. ¿Y tú?

 ***

Besos. Besos suaves,
estudiosos, sensuales,
provocadores.
Besos incitadores del pecado.
Besos que desnuden tu alma.
Besos ardientes.
Besos que no se quiebren
ante el cálido aliento de tu sexo.
Besos que transporten
y eleven tu cuerpo junto al mío.
Besos que te surquen el tatuaje imborrable
que marque para siempre
este momento.
Besos que te besen por dentro.

Caricias que te arrullen,
que te muevan,
que remuevan cada parte interna de tu cuerpo
desdoblándote en esas musas que tú anidas,
que más que inspirar a un simple poema,
incitan momentos de lujuria.
Lujuria que traspasa la cordura
de un simple mortal que muere por tenerte.

Miradas llenas de todo.
De ternura y de deseos,
miradas sin miedos y
llenas de preguntas
que alcancen
su respuesta en cada
sensación que provoquemos.
Miradas de hazme tuya,
no te demores.
¡No puedo más!

 ***

― ¿Se puede pedir más? ― Me preguntaste.
― Mejor no pidas. Siente.

― Ya siento que vuelo. ¿Y tú?



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