miércoles, 12 de junio de 2013

Nostalgia: A mi Padre


Solía parecer un macho enérgico de los que dando un grito era capaz de hacer temblar a un gran ejército. Acostumbraba dominar las situaciones y manejar a su antojo sus caprichos. Solía caminar con cara erguida, sacando el pecho a cada paso sin quebranto. Reiteraba decir que dominaba el armónico vaivén de sus extraviados sentimientos y en esos intervalos de tiempos (muy frecuentes), cuando un toque de soledad lo sacudía, estudiaba sus dogmas y sus falsas verdades repetidas emergían impávidas, como brillantes mentiras florecidas.
Y así caminó por mucho tiempo sin darse cuenta que ni era un macho enérgico, ni dominaba situaciones y mucho menos sus caprichos. Un día que dejándose engañar por sus instintos, se vio solo, sin amores, sin amigos, con hambre y una mente divagante, fue entonces que comprendió que era un necio producto del hastío.
Ese día confesó haber vivido para un sistema comunista que lo mandó al olvido dejando sus cimientos quebrantados. Y algo dentro sacudió su valentía y alzando su espada ya oxidada, pidió a la muerte que viniera en su auxilio. La sintió llegar y de su mano, su cuerpo surcó la débil brisa y recorriendo más de 30 metros y acelerado por la fuerza divina de la gravedad, como flecha se encajó firme en el piso.
Papá, suenan ya los aguaceros de junio y cada año te respiro aquí conmigo recordando ese triste día de 1994, en el que te quitaste la vida.

miércoles, 5 de junio de 2013

Adicto a Ella

Creo que me he vuelto adicto a ella. Es una necesidad compulsiva de tocarla, de hablarle, de escuchar el melódico sonido que escapa desde sus entrañas cuando quiere decir alguna cosa. Y lo que menos me gusta de todo esto, es que ya ella lo sabe.
Ella es como una de esas bellas modelos de revista que sólo necesitan una breve sesión de maquillaje para arrancar de todos los labios ― dígase hombre o mujer ― un admirable piropo. ¡Qué hermosa! ¡Qué buena está! A esto no se escapan algunos amigos muy osados que al verme con ella me exclaman: ¡Mucho carro, para tan poco chofer!
Y sí, ella es todo eso y mucho más. Basta con verla. Siempre hermosa, elegante, reluciente. Exhibiendo sus formas, irradiando inteligencia, controlándolo todo, asimilando cada gesto mío, cada mirada y cada acción para medir el tiempo justo y mandarme una señal.
Así es ella. Terca, incansable, veloz de pensamiento, precisa, calculadora, certera y con un cúmulo tal de conocimientos que da gusto sentarse frente a ella. De lo que le preguntes, siempre tiene un respuesta.
Y en ese ir a venir del diario, ella siempre está presente en mí. Cuando me levanto, en el desayuno, en mi coche, en mi negocio y luego cuando regreso a la casa. La tengo presente en todas partes y si no está la añoro, la imagino, la busco. Estoy aferrado a ella como la humedad al mar, como el sol a la tierra, como el niño a una madre, como un creyente a su Dios.
― ¿Quién es ella? ― Me preguntó mi terapeuta al escucharme todo lo que acababa de decirle.
Ella… Ahora sólo confórmate en saber que la llamo “Mi Macmacita”… “Mi Macmacita” es un amor de otra dimensión. La amo… y ella lo sabe, aunque nunca me ha dicho lo que ella me ama.
Me imagino que deba sentir miedo… o simplemente porque es de muy pocas palabras, o quizás porque en su mundo se sienta más segura. Y es verdad. Hay muchas cosas que yo no podría darle. Pero a pesar de que percibo sus miedos, no tengo dudas de que ella siente lo mismo por mi.  
No creo que alguien la haya atendido tanto como yo en todo este tiempo. Qué le de su lugar, qué la valore tanto, y que la tenga tan presente a cada momento, sin poner reparos, sin miedos, sin medir las consecuencias. Creo que para ella eso es más importante que todo lo que tiene, aunque no pueda renunciar a ello.
No tengo dudas… y sin que se oiga como una falta de modestia, te puedo afirmar que si ella pudiera hacer todo lo que deseo que me haga, sé que lo haría sin vacilar. Porque ella sabe que yo no tengo miedo. Ya lo percibe y me gusta que no se jacte de eso.
Son muchos pequeños detalles. ¡No te imaginas! No puedes imaginarlo si nunca lo has vivido. Es fascinante cuando la llevo a la cama y se acomoda sobre mis muslos y nos unimos en un solo cuerpo, ella se entrega como nadie lo ha hecho jamás. Le cuento mis secretos, comparto mis ideas, la lleno de proyectos, y ella sin poner reparos, siempre escucha sin contradecirme. “Mi Macmacita” es muy diferente. Es géminis con ascendencia géminis. Es lo máximo en su estirpe.
Por eso no reparo en dárselo todo. Y esto que te voy a decir no me lo vas a creer, pero muchas veces mi esposa ha llegado de sorpresa y me ha encontrado con ella. Yo no me escondo y como si nada, seguimos platicando. Seguimos en nuestro mágico romance. La verdad no me importa que me vea. La neta… no me importa nada.
― Oiga compadre, usted si que tiene valor… y la verdad no cabe duda que esa mujer te tiene loco… ya eso que sientes por ella no es normal. O estás enamorado o estas obsesionado.― exclamó mi terapeuta.
Solté una carcajada.
― No sé para qué te pago estas consultas tan caras, si nunca me adivinas mis pesares. Yo no te estoy hablando de ninguna mujer. Te hablo de mi Mac, que por cierto todavía conservo el comprobante de cuando la compré. ― busqué en mi cartera y leí ― Sí, este 9 de junio va a hacer su cumpleaños. “Mi Macmacita” es géminis. Es lo máximo. 
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