viernes, 24 de mayo de 2013

IMPLOSIÓN.

AMIGOS, EN LO QUE SALE LA TERCERA Y ULTIMA PARTE DE INFIELES, LES DEJO ESTE POEMA QUE ESCRIBÍ JUSTAMENTE UN 24 DE MAYO, PERO DEL 2010. IMPLOSIÓN... FUE EN ESA INOLVIDABLE ÉPOCA EN QUE CONQUISTABA A MI ESPOSA Y QUERÍA DECIRLE... NO PUEDO PASAR MÁS UNA NOCHE SIN TI.


IMPLOSIÓN

El universo sin ti está clasificado
como un infinito espacio vacío:
Es un enorme confín de soledades,
un río sin agua,
un molino sin viento,
una estrella sin luz,
un disco sin música,
un "black hole" sin energía,
una flor sin pétalos,
un cuerpo sin alma.

Anoche el mar perdió a sus peces,
el hombre su cordura,
la selva su bravura.

Anoche el universo empezó a contraerse.

sábado, 11 de mayo de 2013

La Otra.



Cada día que pasa se convence más, que algo más allá de sus alcances quiere decirle algo. Pero por una extraña razón no quiere escuchar y tengo la sensación que la verdad no le asusta. Suele suceder; en el país de los ciegos, el tuerto es rey y el sordo es diputado.
Cada mañana al despertar, lo busca con la ilusión de encontrarlo, y ahí, en esos intentos fallidos está precisamente esa voz que rehúsa prestar atención pero que al final la mantiene sabia y firme, haciéndole sentir la misma frustración y esa amarga sensación, de estar escribiendo las crónicas de un fracaso anunciado.

***

Todo comenzó… No, no. ¡Creo qué estoy fantaseando demasiado! porque en realidad no sé si en realidad comenzó algún día. Pero esa estúpida costumbre que tenemos los mortales de aferrarnos a las cosas imposibles nos obliga siempre a buscar un inicio, un fin y ― más complicado aún. ― tratar de buscarle siempre un por qué a las cosas.
Pero para ella lo importante fue que lo conoció y por esos azares del destino sus vidas se pusieron en contacto. Se encontraron un día, en un lugar cualquiera y con pláticas tras pláticas se fueron dando cuenta de que en sus vidas abundaban un sin fin de coincidencias, que los fue acercando hasta llegar a una complicidad tan piola, en donde aparecieron peligrosas confesiones y secretos que jamás habían salido de sus espacios interiores.
Ella vivía momentos muy duros en su vida. Un día y sin ni siquiera sospecharlo, su marido desapareció y con ello aparecieron un sinfín de cosas. Una amante embarazada, deudas, sorpresas no esperadas y un desasosiego ante una verdad que se mostraba como un despiadado verdugo sin escrúpulos y mucho menos compasiones. Triste su época con dolorosos espacios en que ni su soledad le daba el más mínimo consuelo.
Él vivía también en una burbuja de tristeza. Esas en que nos encerramos los hombres cuando se vive con una mujer a lo que no se ama o peor aún, cuando jamás se ha conocido el amor. No lo justifico, pero puedo entenderlo.
Y así, día tras día aumentaba el caudal de sus confabulaciones hasta que un día sin darse cuenta cayeron en una peligrosa declaración de sentimientos.
Fue justo cuando él la acompañó a un largo viaje. Más duro y triste que largo. Ese día ella se enfrentó a una verdad sobre ruedas. Y allí sentada frente al causante de tanto dolor, sin poder contener el llanto y a duras penas poder soportar entre sus manos las de él. Lo vio vestido de azul y con más tubos que una bomba, demacrado, arrepentido y con más culpas que con ganas de hablar. No había palabras que pudieran borrar el sufrimiento, el peso de la justicia divina, ni incluso, su rabia. Pero era su realidad. El pasaría el resto de su vida postrado en una cama.
Desecha en pedazos regresaron al hotel. Una pequeña habitación, dos camas, dos amigos inmersos cada uno en su dolor y acostados cada uno en su cama tratando de aplacar tanto sufrimiento. Él porque la amaba en silencio y sentía como se le clavaba una espina en su fornido pecho. Verla desecha era lo que menos deseaba. Ella ante miles de sentimientos encontrados y la impecable realidad que aplastaba sus años de esposa dedicada en cuerpo y alma a su familia.
No sé que me pasa, pero siento algo raro… ― dijo ella con el miedo implícito de que sus palabras no fueran escuchadas.― No sé que es y no me preguntes porque no sabría decirte.
Él desde su cama y de espaldas a ella, no contestó en ese momento. Se esperó casi media hora y sin que ella lo esperara, se levantó, se acostó en su cama, y mientras la abrazaba, le susurró al oído:
A mí también me pasa lo mismo.
Y ahí fue justo el momento donde supuestamente empezaron. Describir lo que pasó ese día, sería caer en el cliché de cualquier telenovela y además creo que debe ser el secreto más puro que ambos deben conservar. Pero cualquiera lo puede imaginar. El desborde de todo un cúmulo de sentimientos reprimidos es el mejor combustible para sacar del coma a una vida que vive en la desilusión. Sólo basta decir que él conoció por vez primera que era sentir cosquillas en la panza y ella se sintió libre después de tantos años.
Y así, pasaron uno, dos, tres años… tiempo que te enreda, tiempo que puede ser contradictorio, tiempo que te entrega, pero que también te quita. Tiempo que te lleva hacia la inevitable disyuntiva de decidir, si quieres seguir siendo la otra de por vida o empezar a exigir que quieres la primera plaza. Tiempo en que a ella le duele verlo con su esposa y a él le recontra-caga cuando estando a su lado, ella contesta una llamada de un marido que espera que el tiempo haya borrado sus errores. Tiempo en el que te cansas o te resignas y donde se escuchan las clásicas frases de: «Por más que intento alejarme de ti, al verte nuevamente nace en mí ese deseo inmenso de tenerte entre mis sabanas
Tiempos de silencio en el que no llegan las respuestas. O un sí enmascarado en un no, o las promesas de que quiero mandar todo a la mierda, pero no puedo, ese puedo pero tengo que ser inteligente y pensar con la cabeza. Una especie de fantasía rara de estar sin estar o voy a estar hasta que alguien nos sorprenda. Todo alimentando sus egos y exprimiendo a la inspiración de cualquiera a quien le guste escribir.

***

Hace unos días, ella, entre sollozos me pidió que escribiera su historia. Una historia que cuente entre líneas, que después de tantos años él todavía sigue con su esposa y ella llora porque a pesar de que sabe que lo ama con la vida, está convencida que tiene que tomar decisiones importantes.
Ya esto se acabó, te lo juro. ― me dijo mientras se secaba las lágrimas.
En el fondo yo sé que ella está esperando un milagro. Un milagro que tal vez nunca llegue y que inevitablemente la conduzca hacia lo que ella realmente no quiere para sí.
Yo espero que algo más allá de sus alcances le diga por fin que es lo que es mejor. Seguir siendo la otra, o empezar a ser la única. 

jueves, 9 de mayo de 2013

El Mar.


Anoche vi el mar en uno de mis sueños y un dardo de nostalgia atravesó el inmenso espacio que nos separa. Solía sentarme todas las tardes en aquel largo malecón, para sentir su brisa acariciado mi rostro. Ver el ir y venir de los pescadores en sus botes. Unos disfrutando su pesca, otros con la incertidumbre de qué traerían entre redes. Y el mar los guiaba a cumplir sus faenas. Un mar tierno, sensible, afable. Un mar que exhibía sin miedos su naturaleza, unas veces como un plato liso en el que se reflejaban mis pensamientos hasta chocar en cualquier parte. Relajante para quien quisiera desahogar sus penas. Nutritivo para llenar de aire mis pulmones. Para reactivar el cuerpo. Un cuerpo cansado del trabajo. Un cuerpo deseoso de ti sin apenas conocerte.
Me pregunto qué sería de alguien si olvidara sus malos recuerdos, si borrara la mente y pudiera vivir en blanco en función únicamente de un presente que en realidad no dura mucho. ¿Será imposible?
Anoche en mi sueño, me senté una vez más en ese místico malecón y me sirvió para tirar mis recuerdos. Mis malos recuerdos. Empecé por un yo destrozado sin remedio. Una cabeza desbordada de pensamientos y un enorme caudal de pésimos sentimientos que había congelado en un algún rinconcito de mí cuerpo.
Decía Platón que el cuerpo humano es el carruaje, el yo, el hombre que lo conduce, el pensamiento son las riendas y los sentimientos los caballos. Me imagino que lo haya dicho pensando en que todo estaba en un armónico equilibrio, porque cuando tenemos más caballos y riendas que lo que se pretende jalar, el ser humano se minimiza y el yo desaparece.
Mendigo estado que ni el mar ni su energía logran componer. Pero que al menos sirve para echarlos con mucho lastre y que se pierdan en su fondo.
Nefastos momentos que aparecen sin ser invitado y tratan de impedir un presente lleno de júbilo, de deseos, y de tantas cosas que me hicieron pensar que no existía. Nefastos momentos que intentan negar también el futuro pero que chocan irremediablemente con una sólida estructura.
Anoche en mis sueños, el mar pudo aplacar la tempestad de mi alma y llevarse esa inmensa nube gris que insistía jugar a arrebatarme lo claro, lo nítido, lo real, lo vivo.
Anoche, cuando desapareció el desfile de recuerdos,  desperté de un sobresalto. Estaba empapado. Una enorme ola arremetía contra mí, como en aquellos tiempos en que sentado a la orilla del arrecife me dejaba empujar contra las rocas.  Esta vez fue diferente. Como por arte de magia, empecé  a secarme desde la cabeza a los pies. Parecía que algo succionaba la humedad de mi cuerpo al mismo tiempo que aquellos tristes recuerdos se iban olvidando. Todos se fueron.
Me puse de pié y fui corriendo hasta el baño, prendí la luz y me miré al espejo. Mi rostro se veía pálido y contraído al mismo tiempo. Mis manos sudaban inconteniblemente. Mis piernas temblaban y mi boca marcaba una total resequedad. Una tenue atmosfera fría me cubrió todo el cuerpo al tiempo que una voz de ultratumba susurraba a mi oído: aquí están todos los sentimientos que hundiste en mi seno. Eres libre. Disfruta de todo lo que en este momento te está ofreciendo la vida.―me dijo el mar.
Anoche el mar hizo gala de todos sus misterios y me enseñó que no es imposible borrar la mente y apartar de uno, todo aquello que hace daño.
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