jueves, 9 de mayo de 2013

El Mar.


Anoche vi el mar en uno de mis sueños y un dardo de nostalgia atravesó el inmenso espacio que nos separa. Solía sentarme todas las tardes en aquel largo malecón, para sentir su brisa acariciado mi rostro. Ver el ir y venir de los pescadores en sus botes. Unos disfrutando su pesca, otros con la incertidumbre de qué traerían entre redes. Y el mar los guiaba a cumplir sus faenas. Un mar tierno, sensible, afable. Un mar que exhibía sin miedos su naturaleza, unas veces como un plato liso en el que se reflejaban mis pensamientos hasta chocar en cualquier parte. Relajante para quien quisiera desahogar sus penas. Nutritivo para llenar de aire mis pulmones. Para reactivar el cuerpo. Un cuerpo cansado del trabajo. Un cuerpo deseoso de ti sin apenas conocerte.
Me pregunto qué sería de alguien si olvidara sus malos recuerdos, si borrara la mente y pudiera vivir en blanco en función únicamente de un presente que en realidad no dura mucho. ¿Será imposible?
Anoche en mi sueño, me senté una vez más en ese místico malecón y me sirvió para tirar mis recuerdos. Mis malos recuerdos. Empecé por un yo destrozado sin remedio. Una cabeza desbordada de pensamientos y un enorme caudal de pésimos sentimientos que había congelado en un algún rinconcito de mí cuerpo.
Decía Platón que el cuerpo humano es el carruaje, el yo, el hombre que lo conduce, el pensamiento son las riendas y los sentimientos los caballos. Me imagino que lo haya dicho pensando en que todo estaba en un armónico equilibrio, porque cuando tenemos más caballos y riendas que lo que se pretende jalar, el ser humano se minimiza y el yo desaparece.
Mendigo estado que ni el mar ni su energía logran componer. Pero que al menos sirve para echarlos con mucho lastre y que se pierdan en su fondo.
Nefastos momentos que aparecen sin ser invitado y tratan de impedir un presente lleno de júbilo, de deseos, y de tantas cosas que me hicieron pensar que no existía. Nefastos momentos que intentan negar también el futuro pero que chocan irremediablemente con una sólida estructura.
Anoche en mis sueños, el mar pudo aplacar la tempestad de mi alma y llevarse esa inmensa nube gris que insistía jugar a arrebatarme lo claro, lo nítido, lo real, lo vivo.
Anoche, cuando desapareció el desfile de recuerdos,  desperté de un sobresalto. Estaba empapado. Una enorme ola arremetía contra mí, como en aquellos tiempos en que sentado a la orilla del arrecife me dejaba empujar contra las rocas.  Esta vez fue diferente. Como por arte de magia, empecé  a secarme desde la cabeza a los pies. Parecía que algo succionaba la humedad de mi cuerpo al mismo tiempo que aquellos tristes recuerdos se iban olvidando. Todos se fueron.
Me puse de pié y fui corriendo hasta el baño, prendí la luz y me miré al espejo. Mi rostro se veía pálido y contraído al mismo tiempo. Mis manos sudaban inconteniblemente. Mis piernas temblaban y mi boca marcaba una total resequedad. Una tenue atmosfera fría me cubrió todo el cuerpo al tiempo que una voz de ultratumba susurraba a mi oído: aquí están todos los sentimientos que hundiste en mi seno. Eres libre. Disfruta de todo lo que en este momento te está ofreciendo la vida.―me dijo el mar.
Anoche el mar hizo gala de todos sus misterios y me enseñó que no es imposible borrar la mente y apartar de uno, todo aquello que hace daño.

30 comentarios:

  1. Gran relato Carlos. Tus motivos y vivencias tienes para esos recuerdos. Pero si ahora te sientes libre, y esa libertad la palpas todos los días, te das cuenta que no es un sueño, y que la realidad se mantiene viva. Hay que vivir el presente, pero tampoco hay que olvidar por completo los malos recuerdos, ya que ello te hace recapacitar y luchar más fuerte, para volver y sentir de nuevo esa brisa suave y fresca de aquél mar.

    Un abrazo.

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    1. Son de los recuerdos que añoro de mi Cuba. Vivir en el mar, escuchar sus susurros...
      Gracias Rafa.
      Un abrazo
      Carlos

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  2. "Anoche el mar hizo gala de todos sus misterios y me enseñó que no es imposible borrar la mente y apartar de uno, todo aquello que hace daño.". Me quedo con este párrafo que condensa todo el texto y sirve para hacer una catarsis de todo lo que hay que olvidar, de todo lo malo que debe quedarse bien atrás de la memoria. Para un cubano el mar es parte de sí mismo. Este mismo mar te libera de todos los malos momentos, amigo Carlos.
    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

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  3. Resulta reconfortante leer que a pesar de tantas malas experiencias finalmente conseguiste alcanzar la paz y tomar las riendas de tu vida.
    Preciosa metáfora la del mar, que en este relato pasa del furioso oleaje a la calma. Un saludo!

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    1. Gracias Marta. Del mar revuelto a un mar en calma.
      Saludos
      Carlos.

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  4. Dicen que el mar arrastra con todo, en sus fondos residen desechos ¿por qué no echar los malos recuerdos? Pero eso sí, no se te ocurra sumergirte para buscarlos.
    Bonito sueño, como lo es el mar.

    Saludos, Mónica.

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  5. el mar es planetario, es una sola masa de agua con pequeños asomos de tierra llamados continentes, según los científicos

    el planeta es nuestra verdadera y única frontera real
    las otras las políticas son siempre cambiantes

    buen relato CARLOS, sentido , emotivo, y con final equilibrado
    abrazos


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    1. qué bueno que te gustó Elisa. El mar siempre limpia el alma.
      saludos
      carlos

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  6. El agua simboliza las emociones y el mar podríamos decir nuestro mundo inconsciente.
    El agua purifica y en tu sueño pudiste librarte de tantos recuerdos que te torturaban. El mar los lavó y te devolvió la calma.
    Un relato nostálgico y emotivo. Espero que te haya provocado alivio escribirlo.
    Un abrazo.

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    1. en realidad este escrito lo hice hace algunos años, no lo había publicado, pero en su momento fue un gran alivio.
      muchas gracias Mirella.
      Carlos

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  7. Muy bueno Carlos. El mar te dio una nueva oportunidad de ser feliz, no la dejes pasar. Corre y disfruta que la vida es tuya y una sola.

    Un abrazo.

    mariarosa

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  8. Es curioso, yo también tengo un escrito sobre el mar, es como enfrentarse a lo que sientes, a lo que te queda por hacer. Si te interesa te paso el enlace, es muy cortito, pero me recuerda mucho tu escrito al mío.

    El mar es ese ser que hace que nos reflejemos y nos enfrentemos con nosotros mismos.

    Precioso texto, Carlos. Un abrazo.

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    1. Aquí te dejo mi texto sobre el mar:

      http://analogiasdehoy.blogspot.com.es/search?q=respeto

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  9. El mar, verle me fortalece, me devuelve a la vida. Aunque me quedo con una frase: qué sería de alguien si olvidara sus malos recuerdos, si borrara la mente y pudiera vivir en blanco en función únicamente de un presente que en realidad no dura mucho. ¿Será imposible?
    Ojalá fuese posible!!!
    Gran texto, Carlos.
    Saludos.

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    1. Yo creo que es posible. es cuestión de pensar en todo aquello que nos hace daño y despejarnos de eso.
      saludos
      carlos

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  10. Pero lo malo también nos enseña cosas y nos hace ser quienes somos. No sé si a mí me gustaría que el mar se lo llevase. Un beso.

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  11. Me has provocado las ganas de nadar en el mar. :) Sensacional relato, melancólico, y lleno de esperanzas. Ojalá el mar sea así de efectivo para quitar las penar.

    De paso, aprovecho para avisarte que tienes un premio en mi blog. Búscalo.
    http://elcodigoaural.blogspot.com/2013/05/premio-mienteme-con-verdad.html
    Un abrazo.

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  12. Me resulta muy bien narrado, amigo.
    Claro, nuestra Isla es como un barco. El malecón es como un sello de La Habana; lo primero que viene a la mente, de quienes la conocen.
    Te comento, que cada día está más concurrido; lo que ahora, los trasnochadores, como por consenso, se lo han reapartido (cada grupo social tiene su zona). Entonces, cada "tribu" se divierte a su forma; por lo que, si paseas en un carro, vas viendo las diferentes corrientes de la juventud. A los mayorcitos, nos queda el canal, de la Punta al muelle de Caballería, ja.

    Abrazos

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    1. Sí José, son recuerdos que nos da nostalgia... conozco el malecon de a habana, pero mi malecon es el de Cienfuegos. Ambos gigantes y hermosos. HAce dos años que estuve en la habana y me tocó un frio enorme. Mi vuelo de regreso fue cancelado y nos hospedaron en Playa. Fue maravilloso caminar por el malecon aunque estaba con 40 de fiebre.
      UN abrazo.
      Carlos

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  13. Muy bueno tu texto.
    Por eso, en esa atmósfera, pisando la arena de una playa ilimitada, soy incapaz de olvidar la paz y el sosiego que sugiere el mar, jugar con las olas, mirar y mirar ese horizonte con navíos lejanos, seguir el vuelo de las gaviotas que planean sin descanso, relajarme hasta el hartazgo y de improviso sentir deseos de jugar y volver a un estado de inocencia.
    Un saludo cordial,
    ROBER

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    1. Gracias Roberto. Ya veo que entras mas seguido por acá. Me da gusto.
      Saludos
      Carlos

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  14. Muy buenospensamientos.
    En esa atmósfera, pisando la arena de una playa ilimitada, soy incapaz de olvidar la paz y el sosiego que sugiere el mar, jugar con las olas, mirar y mirar ese horizonte con navíos lejanos, seguir el vuelo de las gaviotas que planean sin descanso, relajarme hasta el hartazgo y de improviso sentir más deseos de jugar y volver al estado de inocencia cuando la única meta es jugar.
    Un saludo cordial

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  15. Siglos de oir frases de aferrados al sufridero y otros masoquistas han convencido a muchos de ser víctimas con credencial permanente para cargar con toda la basura que les haya lanzado la vida.
    Me gustó ver como disipaste ésta falacia con las reflecciones aquí expuestas.
    Somos aún más poderosos que el mando de controles de un televisor para cambiar nuestra imaginería, ademas con la ventaja de que al lanzarnos hacia lo idealizado la inercia de la naturaleza es nuestra aliada.
    Y si escribes tienes manera de dominar la fuerza más poderosa del mundo.La palabra.
    Ser congruente con nuestras palabras derrumba todos los límites y nos sitúa en nuestra realidad histórica.

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    1. Coincido contigo Tocayo... la palabra tiene una fuerza abismal.
      Un abrazo
      Carlos

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  16. Qué preciosidad de texto Carlos!! qué paz transmite el mar y qué miedo, tan inmenso que te puede atrapar.
    Y qué final tan esperanzador, me ha encantado eso de poder borrar todo lo que nos hace daño.
    A nosotros nos separa un océano.
    Un abrazo querido amigo.

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    1. Gracias Maite.
      El mar es en extremo poderoso.
      UN abrazo
      Carlos

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