lunes, 25 de febrero de 2013

Mundos Paralelos IV.


―No sabes que se siente que el día de tu boda te dejen plantada y el muy cabrón decida casarse con otra. Así que me di a la tarea, no sé si por despecho o porque a pesar de la traición seguía enamorada, de proclamar a viva voz que yo era la única y legitima esposa, con tal furia y apasionamiento que llegué  incluso a convencer de ello al Ayuntamiento de Ciudad, el cual emitió un documento reconociéndome el derecho a un subsidio de guerra como esposa de un soldado. 
― ¿Hiciste eso?
― No sólo eso. Yo estaba dispuesta a todo. El 11 de enero de 1916, sólo dos meses después del nacimiento de mi hijo, conseguí que él reconociera la paternidad ante un notario público. Él, cuya posición económica había mejorado notablemente, se compromete incluso a hacerse cargo del sustento económico del niño y ahí fue cuando inscribí al crío en el registro público con mismo apellido.
Sin embargo, tras haber reconocido al niño, el muy cabrón trata de quitármelo y el caso llega hasta los tribunales, donde los jueces acaban concediéndome la guardia y custodia del pequeño y condenando al padre a pagarme $12,000 mensuales para colaborar en la manutención de mi bebé.
― ¡Qué bueno que pudiste hacer justicia!
―Qué justicia ni ocho cuartos… Más bien ahí fue cuando empezó la guerra entre él y yo. Su aún incipiente carrera se ve amenazada por mis acusaciones que aseguran que Francia lo había ayudado económicamente a poner en marcha su nuevo periódico, a cambio de que éste presionara desde las páginas del diario para que nuestro país entrara en la guerra apoyando a los Galos. El Ministerio del Interior de mi país llega a abrir una investigación sobre el asunto, al que, sin embargo, termina dando carpetazo. El tiempo acabaría demostrando que mis acusaciones eran ciertas pero, nada ni nadie fue capaz de detener su ascenso al poder al convertirse en el primer ministro más joven de la historia de nuestra patria. En ese momento, me encierran en este manicomio y…
― ¿Y tu hijo?
― ¿Mi hijo? ¿Cuál hijo? No sé de qué me hablas…


Ida Dalser, muere en el manicomio de Venecia el 3 de diciembre de 1937 de una hemorragia cerebral. Es enterrada en una fosa común. Benito Mussolini fue su peor verdugo.

13 comentarios:

  1. Leerlos uno tras otro es buenísimo!
    Sin duda esta mezcla hace bien.
    Saludos!

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    1. qué bueno que te gustan y gracias
      un saludo
      Carlos

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  2. Muy bueno Carlos, ya leeré los otros y la novela que me quedé en el 12. Veo que está sumamente productivo, felicitaciones amigo. Un abrazo.

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    1. Si amigo Enrique, ando muy productivo... un gran abrazo.
      despues estudiaré a Perón para hacer algo... ahí me dicen.
      carlos

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  3. pobrecita!!!!!!!!!!! el amor nos vuelve completamente locas... o ya lo estábamos antes???'

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    1. en este caso fueron las injusticias del gran verdugo, por ocultar a su hijo bastardo... esta pobre mujer sufrió en carne propia el odio de su amante.
      saludos
      carlos

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  4. Muy bueno, Carlos!!! Como te dije en tu texto anterior, me fascinan estos relatos con sabor a historia.
    Ya me preparo para la próxima!
    Un saludo, mi amigo!

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    1. Gracias Bee, es maravilloso recrear la historia con algo de fantasia... yo conoci esta historia por una pelicula, desgraciadamente esto no lo enseñan en la historia.

      saludos
      gracias

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  5. Es una forma de conocer personajes históricos muy original. Yo a esta señora no la conocía, ahora sí. Fascinante historia. Qué me gustaría meterme en ese manicomio y entrevistar a algunos de esos personajes.
    Saludos, Carlos.

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    1. vean la pelicula, creo que se llama VINCERE
      esta grueso el drama...
      saludos
      carlos

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  6. Cada relato va ganando en madurez...
    Y todos seguiremos esperando el siguiente.
    Un abrazo.
    HD

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    1. Mi gran amigo, gracias por tu valoración... intentaremos seguir esta linea... ya estoy en preparación de los otros.
      Un abrazo
      carlos

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  7. Intersante traer la historia en estos relatos. La película aquí se llamó El secreto de Mussolini. Abrazo!

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