viernes, 1 de febrero de 2013

Desde las sombras.


Desde mi refugio puedo verlo todo. Un día tras otro la misma agonía, la desgarrante tortura y el excesivo dolor. Los veo correr, esconderse y luego llorar cuando son descubiertos y agarrados por el pelo, mientras una serpiente de cuero bate el espacio y termina marcada en la tierna piel de sus espaldas, grabando el sufrimiento en sus jóvenes entrañas.
Para mi suerte, hace dos años pude despedirme de tanto daño sin reparo. Y desde ese día rezo cada noche pidiéndole a mi Dios que mis hermanos y mi madre puedan zafarse del verdugo al cual reniego de tan solo mencionar su nombre y sobre todo cuando me recuerdan que es mi padre.

*** 

Todo comenzó cuando él se enteró de que el parto era trillizos.
― Señor Eustaquio, todo salió bien. Su esposa está en perfecto estado y los niños también.
― ¿Los niños? ― dijo en un tono embravecido.
― Sí, su esposa acaba de dar a luz tres hermosos niños.
Y justo ahí, en ese momento, en que la enfermera esperaba que se lanzara sobre ella y la abrazara de felicidad, fue cuando soltó la histórica frasecita. «Y ahora como voy a darle de comer a cuatro bocas.»
Creo que para mi padre la noticia fue la más mala que había recibido en su vida y nunca le perdonó a mi madre que pariera una sobre cuota de hijos. Por cierto yo fui el segundo en nacer.
Su empleo no era nada bueno ― con esto no quiero justificarlo ― y los escasos pesos que se ganaba haciendo de traga fuegos en la esquina de Plan de Ayala y Teopanzolco apenas alcanzaba para… ¡qué carajos… no alcanzaba para nada!
Y así crecimos. Bajo la mirada despreciativa de mi padre, que nos veía como la causa de todas sus desgracias. Su humor cambió, su risa desapareció, su odio creció. Y a los dos años de edad, ya nos usaba como sus esclavos. Ahí, en esa misma esquina, nos puso a trabajar y él se sentaba a vigilarnos. Nos ponía unos globos inflados en las nalgas y los tres hermanos nos convertimos en payasos y hazme reír de todo el que pacientemente y sin mirarnos, esperaba el cambio de luz en el semáforo. ¡Y pobre de nosotros si no logramos sacar el dinero que nos ponía como meta!
Un día ― de esto hace dos años ― al llegar a la casa y mientras evaluaba con ofensas nuestro desempeño, mi hermano el menor que yo por tres minutos, empezó a jugar con sus canicas y no le prestaba atención. ¡Para qué fue aquello! Mi padre ― como ya era su costumbre ― se bestializó y se fue sobre él y le pegaba como si le estuviera pegando a un hombre de su talla.
Yo no me pude controlar y traté de defenderlo. Agarré el palo de la escoba y empecé a darle palazos por la espalda. Ahí empezó mi viaje. Me agarró y me lanzó a donde sus fuerzas le permitieron. Lo último que alcancé a ver fue como el piso se aproximaba a toda velocidad hacia mí. El golpe fue mortal. Mi cabeza reventó contra el borde de la banqueta.
Hoy desde mi refugio lo veo todo. Siempre el mismo día de cada año, veo a mi madre llegar con un ramo de flores. Ahí se sienta junto a mí esperando que un milagro le cambie la vida.

9 comentarios:

  1. DESPUÉS DE UNA LARGA AUSENCIA, ME REINCORPORO CON ALGO ESCRITO YA HACE ALGUNOS AÑOS.
    UN SALUDOS A TODOS

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  2. Hola Amigo ya se extrañaba tu ausencia!!! un relato espeluznante!! pobres niños, la vida que llevaban y pensar que suceden cosas así...

    abrazos!!

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    1. ASÍ ES COOKYTA... EL MALTRATO ES ALGO QUE DEBE ERRADICARSE. GRACIAS POR PASAR.
      CARLOS

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  3. bastante bueno tu regreso!!!
    felicidades por haber vuelto! en cuanto al texto, es bastante intrigante con un final triste y a la vez liberador, a veces la muerte es la única salida a tales brutalidades.

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  4. ¡Hola Carlos, bienvenido de regreso! Un relato cruel y desgarrador, bien a tu estilo. Me gustó su desarrollo... solo que... (ahí llega el estiletazo de la obsesiva)... me parece que no es necesara la palabra 'tumba' del final. Se entiende perfectamente que el pibe está muerto y esa palabra es como que sobrara y le quita clima.
    ¿Qué te parece? Pensalo.
    Un abrazo

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    1. TIENES MUCHA RAZÓN... GRACIAS POR PASAR Y COMENTAR
      CARLOS

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    2. Carlos, te quedó mucho más enigmático y más acorde a la forma como ibas contando la historia.
      Abrazo

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  5. La violencia familiar es la peor de todas las violencias.
    Hace un tiempito escribí un relato sobre eso, pero el tuyo es mucho más crudo. Espeluznante, al lado el mío es de Disney jeje! Lo cual es paradójico...o estoy muy difícil?
    Me gusta a pesar de...tanto dolor.

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    1. SI, ES MUY CRUDO, PERO CREEME QUE HA PASADO EN LA VIDA REAL.
      GRACIAS POR PASAR DANA.
      SALUDOS
      CARLOS

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