martes, 17 de diciembre de 2013

Un no turista en su tierra.

Fragmento de la Novela Epitafio para un sueño. 


— Oigan, ¿ustedes a donde van?
— Yo estoy hospedada en el hotel señor. — le respondió Andrea.
— Muéstreme su tarjeta de huésped.
Andrea mostró su identificación que la acreditaba como huésped.
— ¿Y la suya joven? — Dijo, dirigiéndose a Pepe.
— Él joven viene conmigo, es mi invitado. — respondió Andrea.
— Lo siento señorita, pero los cubanos no pueden entrar al Hotel.
— ¿Cómo es posible que yo tenga un invitado y no pueda entrar al hotel?
— Lo siento señorita, son ordenes que tengo que cumplir.
— Pero se me hace una orden absurda. Yo debo ser libre de invitar a quien yo quiera. Para eso pago ¿no?
— Usted será libre de invitar a quien usted quiera, pero si su invitado es cubano y además vive en Cuba, no puede pasar.
— ¿Quiere eso decir que si el fuera cubano, pero viviera en España si podría pasar?
— Claro que sí señorita. Este hotel es sólo para turistas.
— Esa es la respuesta más absurda que he escuchado en mi vida. Señor yo estoy de visita en Cuba, y mi amigo es cubano y a lo mejor para su desgracia vive en Cuba. ¿Cómo es posible que un cubano no pueda entrar? ¿Cómo me explica usted que siendo cubano y viviendo en Cuba no pueda ser turista? Yo cuando voy a un hotel de mi país, soy turista.
— Señorita, no me haga repetirle otra vez lo mismo. Estas son disposiciones de los superiores, y yo tengo que cumplirlas.
— Andrea, el señor no te va a entender. El cumple órdenes y las órdenes hay que cumplirlas.
— Así es joven. Menos mal que usted si me entiende.
— Claro que tengo que entenderlo, porque si no entiendo, de seguro iré preso a una cárcel que si es para los cubanos que viven en Cuba y que no entienden medidas tan absurdas.
— Compañero… le aconsejo que no me falte al respeto, porque le puedo cumplir lo que usted acaba de decir. Y mucho peor, puedo decirle a los policías que están allá afuera que usted está hablando mal del gobierno. — Dijo el enigmático vigilante.
— Yo nada mas le pregunto. — Dijo Andrea muy indignada — Mí amigo tiene dólares en su billetera. ¿Si quisiera consumir dólares en este hotel… usted no lo dejaría entrar?
— Yo no lo dejaría entrar, simplemente porque es cubano. Tendrá dólares, pero no vive en el extranjero. O lo que es lo mismo… No es turista.
— Entonces usted es un freno a que este país adquiera divisas… eso podría interpretarse de otra manera. ¿No se ha puesto a pensar en eso?
— Yo sólo cumplo ordenes señorita, y si no está de acuerdo puede usted quejarse a mis superiores. Su acompañante puede tener dólares, pero en este país, a nadie le pagan con esa moneda, por lo tanto, de segurito la consiguió haciendo cosas malas.
Pepe ardía de la rabia y prefirió no contestarle al señor que era evidente que tenía una escasez mental crónica. Pero, Andrea no pudo aguantar tal agresión para su acompañante y exclamó.
— Ah… ya sé por dónde viene la cosa. A usted lo corroe la envidia. Pero créame que lo entiendo.
— Señorita, estoy a punto de perder la poca paciencia que tengo.
— Con la diferencia que sí la pierde, a mí no podrá enviarme a la cárcel, porque yo sí soy turista y tenga por seguro que el escándalo va a ser mayúsculo.
Andrea se dio cuenta que por primera vez, desde que hablaban con el vigilante, este había comprendido, el sentir de sus palabras. Pepe quiso aplacar el momento tan difícil que se había desatado y le pidió al estrecho de mente.
— ¿Podría pedirle un favor? ¿Yo creo que no haya una disposición que diga que tiene que negar favores a cubanos que viven en Cuba, por el simple hecho de no ser turistas?
— No, no existe esa disposición. — respondió el vigilante.
— Qué bueno, ¿podría localizarme a la directora de relaciones Públicas?
―No creo que ella quiera hablar con un cubano y mucho menos a esta hora.

Y después de mucho sufrir, avergonzado y apabullado de tanta impotencia… Pepe vio como su amiga mexicana entraba al hotel y él se quedaba afuera por el simple hecho de ser cubano y no poder ser turista en su tierra.

lunes, 2 de diciembre de 2013

El matiz viene después...

Hoy me pasó algo muy singular y lo digo con toda propiedad porque precisamente me tocó acompañar al piso 10 a dos parejas, digamos que normales, que a todas luces representaban a cuatro tortolos felizmente enamorados. Eran exactamente las dos de la tarde y el aire acondicionado interno del hotel estaba a todo lo que daba. Creo que ese contraste entre el calor que hacía afuera y el rico murmullo de esa forzada brisa que por momentos nos hacía temblar, nos impregnaron de una sensación verdaderamente mágica.
En ese momento empezaba una nueva canción…
Nada tienen de especial/dos mujeres que se dan la mano/ el matiz viene después/ cuando lo hacen por debajo del mantel…
Yo desde una esquina del elevador lo observaba todo sin chistar.
Ellas, desde sus respectivas posiciones y abrazadas de sus novios, se miraron y soltaron una sonrisa. Creo que jugaban desde sus mentes. La canción siguió y obviando a los tres hombres presentes, desinhibidas y como si no tuvieran nada que perder, estiraron sus manos y con ello vino el contacto del resto de su piel. Sus tolerantes novios se pusieron a ambos lados de mí y ellas avanzaron una hacía la otra. Aquí todo era diferente, aquí no había amor por ocultar, ni disfrazado de amistad. Y al encenderse el número 3, ellas entablaron un duelo, volando sobre el suelo, ojos en los ojos, boca sobre boca, mujer contra mujer…
Ellos, se veían felices. Disfrutaban cada segundo del “lesbian show” que representaban sus parejas, sin pensar si estaba o no muy bien, sin importarles ni un carajo mi presencia y sin saber que al fin y al cabo yo soy de los que pienso que por demás, el sexo es de cada quien.
Al llegar al piso 5, las dos amantes con o sin amor, se quitaron sus blusas y cuatro palomas volaron chocando contra el fuego que irradiaban sus entrañas.
En ese momento uno de ellos, el de mi derecha, como si algo extraño se hubiera apoderado de él, se quitó su mascara externa y emergió tal como era desde lo más profundo de su ser. Y con un amaneramiento total exclamó dirigiéndose al de mi izquierda.
― Papi, yo no soy de piedra.
Y ante mis ojos espantados y queriéndose salir de sus lugares, lo jaló del brazo y lo atrajo hacía sí, sumergiéndose en un apasionado beso.
El elevador, en un abrir y cerrar de ojos,  se había convertido en un universo de pasiones en donde yo era el único ser que aparentaba no estar excitado ante tanto fuego que emanaban sus cuerpos...
― Alto ― grité despavorido mientras mi dedo índice apretaba el número 7.
El elevador se detuvo y la puerta se abrió.
― Tengo que confesarles que no puedo más y hasta aquí llego. ― Y me salí corriendo…

Ahora, en la tranquilidad de mi recámara, me doy cuenta que fui un estúpido intolerante y que aquellos cuatros jóvenes deben haber pensando horrores de mí. Ojalá y no hayan imaginado lo que hice después de salir del elevador mientras la bella imagen de aquellas dos mujeres, volando a ras de suelo, no se me quitaba de la mente…

Fragmento de Cuentos del Chebo Ludo...

lunes, 25 de noviembre de 2013

Conjeturas de un presunto culpable.

I

Sin dudas, si hay dos cosas que se pudieran comparar con el aceite y el vinagre, yo escogería al trabajo y la bebida y creo que por eso un sabio amigo decía en un humor muy negro: “Si el beber entorpece tu trabajo, deja el trabajo y a beber”. Y créanme que hoy es uno de esos días en los que quisiera que esa frase no tan celebre tomara valor constitucional y hubiera una ley que reglamentara que un día después de una “peda” mayúscula, la ausencia al trabajo sea totalmente legal y justificada con pago completo y ¡Ay de aquel pinche jefe que se atreva a descontarte aunque sea una hora!
Es que es imposible de ocultar que tomaste. Los ojos te delatan, las manos se te hinchan la cara se te desencaja y para colmo de males, el pinche tufo a alcohol no te lo quita nadie al extremo que no falta aquel chingado guey que te grite delante de todos: Oye “caón”, si te prenden un cerillo ardes como Juana de Arco.
Y en efecto, llegué a hotel, me cambié de ropas y me paré en la recepción ― claro está, bien apuntalado para no caerme ―a esperar que llegara algún cliente solicitando mis servicios y no hizo más que llegar el primero y entrar al elevador, decir voy al piso 20 al tiempo en que yo cerraba la puerta cuando el tipo ya pasado en años y con aspecto demacrado y de alguien que ha sufrido demasiado me dijo:
― Oye “caón”, si te prenden un cerillo ardes como Juana de Arco.
¡Puta madre! Ya podrán imaginar la cara que puse cuando escuché lo que acababa de pensar. Quería que la tierra me tragara o más bien que el pinche elevador se cayera y terminara, junto conmigo, hecho mierda en la base de la torre. ¡Qué vergüenza!
― No pongas esa cara… a veces de las malas experiencias se aprende. A mi me costó mucho trabajo aprender la lección, pero para que conozcas mi historia, acabo de salir de prisión cumpliendo una condena de 20 años por homicidio involuntario. La última noche que bebí y agarré la borrachera más larga de mi vida, salí del bar, tomé mi auto y cuando desperté al otro día en mi cama y al lado de mi esposa, no sabía como había llegado a la casa, ni a que hora, ni si solo o acompañado, pero lo único que puedo afirmarte, es que esa noche me cambió por completo la vida.
Y así fue, esa noche Natalio Buenavista no le alcanzó su visión para darse cuenta de la trampa que lo hizo cumplir 20 años de prisión.

II

― ¿Ya viste la borrachera que agarraste? ― Le reclamaba su esposa mientras señalaba hacia el extremo de la cama y un circulo entre café y naranja mostraba las huellas de un vomito ya seco sobre el suelo y parte de la cama.
Natalio se levantó dando tumbos y sin chistar buscó el trapeador, llenó una cubeta con agua y se fue a limpiar las huellas del delito. Delito que se estaba haciendo ya cotidiano en su vida y que había llevado a su matrimonio a la ruinas. Su cabeza giraba, sus ojos le pesaban y mientras recogía los restos de una digestión incompleta, se preguntaba qué habría hecho la noche anterior.
Las clásicas preguntas asechaban su cabeza. ¿Cómo llegué? ¿Habré hecho algo malo? ¿Me trajeron o vine solo? ¿A qué hora llegué? Preguntas que ya su esposa Natalie Cabeza de Vaca se sabía de memoria. Lo clásico. El sentimiento de culpa, las penas ajenas, los miedos, todo un desfile de sentimientos encontrados que sólo aquellos que lo viven, saben que se siente en realidad.
Lo único que alcanzaba a recordar Natalio, fue el beso que le dio a Ofelia Buenrostro, su amante, delante de todos después de cantarle la canción “Ella y Tú”, de José José. Nunca pudo olvidar como hacía énfasis en cada verso: 
Entre ella y tú... /Hay gran diferencia./Tú me das la vida... /Ella mil problemas./Entre ella y tú.../Hay un gran abismo./Tú te entregas toda.../Ella lo preciso./Contigo me crece la vida.../Con ella me crecen las penas.../Contigo yo vuelvo a nacer cada vez que te acercas.../Entre ella y tú.../La distancia es grande./Tú me das pasiones.../Ella ya ni sabe/Tú me das la luz,/y haces que despierto/me parezca el mundo/como en bello sueño.../Contigo comparto ilusiones.../Con ella comparto recuerdos.../Contigo he llegado a saber que/aún es joven mi cuerpo.../Contigo me crece la vida.../Con ella me crecen las penas.../Contigo yo vuelvo a nacer cada vez que te acercas... Sin dudas, estaba enamorado de Ofelia, pero ni ella, ni la pasión que vivían mientras engañaban a Natalie, le hacía separarse de la bebida. Su última frase en estado de lucidez fue pedirle a su amante que fuera su esposa. Todos los presentes vibraron emocionados y un largo aplauso inundó aquel cálido canta bar. Ella toda sonrojada respondió con un “Sí” al que Natalio ripostó con un efusivo “esa es mi vieja”.
La puerta del piso 20 se abrió y pude observar como por el rostro del deteriorado señor corrían dos hilos de lágrimas. Lo acompañé hasta la habitación y Don Natalio me regaló una jugosa propina al tiempo que casi me imploraba...
― Muchacho, no te vayas todavia, que aún no termino de contarte esta historia. ― dijo mientras buscaba en su portafolio un sobre manila que contenía algunas fotos. Sacó una de ellas y me la mostró. ― Ves estas dos mujeres. ¿Eran realmente hermosas verdad?
Era una foto que por su color y conservación se podía negar que fue tomada hacía más de 20 años. Lo innegable era que las dos mujeres eran realmente hermosas.
Natalio puso su dedo indice sobre el rostro de una de ellas y me dijo entre sollozos.
― Ella es Natalie.
― Muy linda Don Natalio... ¿Y la otra?
― La otra es Ofelia. Mi amante. Era la mejor amiga de mi esposa y 5 meses antes de aquella noche fatal comenzamos a tener una relación que le fue ganando a la cordura.
― ¿Y Natalie nunca se enteró?
― Ay muchacho, eso creía yo...
Otra vez sentí como un nudo bloqueaba la garganta de Natalio.
― Mejor leete esta historia. Te la regalo, me has hecho mucho bien con tan sólo escucharme.
Natalio me entregó un engargolado de más de doscientas páginas. En la primera hoja se podía leer en letras grandes “Conjeturas sobre una traición anunciada” y más abajo en letras pequeñas “Titulo provisional”
― Señor, me honra con este gesto suyo... ¿Como es posible que me regale esta historia?
― Hijo yo ya estoy viejo y muy deteriorado por la vida que llevé dentro del tambo. 20 años se dicen fácil, pero hay que estar allá dentro para saber lo que es perder años de tu vida cumpliendo una condena de la cual siempre dudé y nunca pude defenderme por culpa de una pinche borrachera. Perdí la memoria y perdí con ello mi libertad. ― Natalio se secó sus lágrimas y prosiguió. ― Me has caído bien y quiero que cuando leas esto completo me hagas dos favores. El primero es que no caigas de nuevo en otra borrachera como la que agarraste anoche y por la que todavía hueles a miedo. La segunda es que le des forma de novela a esta historia y si puedes... pues, busca la forma de publicarla y hacerte famoso. Tienes cara de escritor y creo que esta historia te dará el paso a la fama.

III

En la noche no pude dormir porque no hubo fuerza divina que me separase de la lectura. Era de esas lecturas pesadas por la cantidad de faltas de ortografia y el gran número de detensiones que tienes que hacer para agarrarle la idea a cada frase, sin embargo la habilidad de Natalio para no dejar detalle alguno de lo que supuestamente lo llevó a una prisión sin razon me agarró y no me dejó soltar la lectura.
Ni el propio Natalio a ciencia cierta sabe si lo que cuenta es cierto o no, pero cuando salió de la carcel y se enteró que dos años después de estar preso, Natalie y Ofelia se fueron a vivir juntas fuera de México, no pudo hacer otra cosa que sucumbir en su dolor y en su inmensa estupidez.
Natalio pasó 20 años preso por un crimen que nunca cometió. Esa noche al salir del canta bar, estaba totalmente borracho y quien lo llevó hasta la casa fue su amante. En el trayecto un policía de la vigilancia interna del fraccionamiento en donde vivía Natalio fue atropellado por el coche que conducía Ofelia.
A la mañana siguiente dada las descripción que dio casi moribundo atropellado ― él cual quedó totalmente incapacitado para volver a caminar― fue muy fácil localizar el auto y comprobar que en efecto, fue Natalio quien le ocasionó la desgracia. No hubo pruebas de que Ofelia pudiera ir conduciendo y el pobre Natalio no se acuerda de nada.
Lo que nunca sospechó la victima de este suculento plan macabro, fue que el accidente fue minuciosamente planeado por Ofelia, Natalie y el vigilante, para culpar al “infiel hombre” y deshacerse de él. Claro está,  no planearon que el pobre vigilante quedara invalido de por vida, pero con la gran suma que tuvo que pagarse para indemnizar sus daños pudo vivir muy bien el tiempo que le duró su infortunada vida.

  


martes, 19 de noviembre de 2013

En busca de un sueño.

El hambre parece ser un concepto incomprensible. El hambre castiga sin clemencia y se expande y se expande, evaporando cada suspiro del presente. El hambre no entiende de edades, ni verdades, ni de tiranos, ni de democracias inmaculadas, ni de movimientos sociales improvisados, ni de izquierdas, ni de derechas, ni de medías ideologías. El hambre simplemente arrasa sin palabras. Desilusiona ilusiones, descompone lo compuesto, destruye lo indestructible y ahoga los sueños de quienes se empeñan en no soñar que existe…
Así pensaba mientras caminaba solo, un poco alejado del grupo que conoció al llegar a México. Eran más de veinte jóvenes que no pasaban de los 25 años. Varias nacionalidades, diferentes formas de pensamiento, credo, y cultura, pero con el mismo objetivo: Llegar al sueño americano y dejar atrás la pobreza, construir una nueva vida, ayudar a sus familias. Un sueño al que el hambre no alcanzaría jamás. Un sueño lleno de ilusiones, de planes, de lujos a su alcance, de paz interna, de imágenes a colores, de prosperidad y armonía.
Todavía faltaba mucho por andar. Estaban justamente en el sureste. Huyendo de la migra, y escondiéndose de los narcos. Sin saber en quien confiar, a quien decirle quien era y de donde era. No podía. Podía ser un peligro y podría pagar un costo muy alto por alcanzar sus sueños.
Y por fin se escucho el silbato de la bestia. Ese tren que lo mismo te puede llevar al paraíso como al infierno. Se oía a lo lejos, pero estaba a punto de pasar por donde estaban ellos. Él seguía alejado del grupo, quizás 10, tal vez 15, o quién sabe si a 20 metros. Pero se negaba a dejar de escuchar a su voz interior… Algo interno que le repetía y repetía… ―No tienes necesidad de agarrar ese tren…
Él no era de esas personas que creen mucho en el destino, pero faltando unos minutos para que el tren llegara, cuatro chicas se cruzaron en su camino.
― ¿Vas a tomar ese tren? ― Le preguntó la mayor de las cuatro. Tenía acento argentino. ― Es muy peligroso. No lo hagas.
― ¿Quieres algo de beber? ― preguntó otra de las chicas ofreciéndole una botella de agua mineral.
De haber dicho que no, su vida hubiera sido otra, aunque hubiese sido sobre el demonio de hierro al que todos apodaban la bestia.
Su vista empezó a hacerse borrosa. Las cuatro chicas se multiplicaron por dos y se entrecruzaban zigzagueando ante sus ojos.
Aún no sabe cuánto tiempo pasó ni a donde lo llevaron. Solo sabe que cuando despertó estaba tirado en un camino empedrado. Adolorido, mareado y todavía embobado bajo el efecto de la anestesia. Se puso de pie y a duras penas pudo dar unos pasos antes de darse cuenta que le había sucedido.
El hambre suele ser impecable, desalmada, deshonesta, cruel… pero él hubiera preferido seguir con ella y no haber perdido un riñón en la aventura de alcanzar el sueño americano.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La más linda de las danzas


Danzamos en la noche.
Una noche única, nuestra…
Sólo nuestra.
No había luna,
ni viento,
ni estrellas,
ni nubes.
Podría pensarse que era oscura,
muy oscura.

Pero no…
La tenue luz que simultáneamente irradiábamos
se fue matizando con la música
que armónicamente hacía resonancia en nuestros cuerpos.

Danzabas en lo alto.
Tus ojos evocaron la magia de los dioses
y un torrente de energía fluyó por tus arterias.
Tus labios portaron múltiples sabores.
Tu lengua articuló un lenguaje distinto al que acostumbras.
Tus palabras bailaban en la noche,
rozaban mis oídos,
surcaban mis entrañas.
Tu piel se cubrió de rosas
y de tus poros emanaba un néctar 
que incitaba a la locura.
Tus manos se apoyaban en mis hombros
para no perder el ritmo de las olas
que hacían de tu danza un eterno sube y baja.

Yo danzaba en lo bajo.
Mis ojos se perdieron en la magia de los tuyos.
Mi cuerpo entero entró en tu cuerpo
dejándose llevar por la cadencia de tus besos.
Mis manos te tocaban sin tocarte,
esculpiendo las curvas de un cuerpo
que anunciaba entrar en erupción.
Mis labios dibujaron sensaciones.
Mi voz se fue perdiendo en tu garganta.
Mi magma hervía a ritmo del vaivén de tus caderas.

Danzamos en la noche.
Una noche inolvidable.
Una danza interminable...
La más linda de las danzas.

viernes, 25 de octubre de 2013

Monólogo a los sufridos.


En estos días he recibido con mucho beneplácito la noticia de que en el congreso de México se ha dado cuenta que hacían falta leyes para proteger a la mujer. ¡Qué bueno! Me da gusto ese comercial que dice: “Ya esta mujer no será golpeada de nuevo, ni con el pétalo de una rosa”. Se los juro, me da gusto. Ya era hora de que el pinche machismo reinante en nuestra tierra dejara de pisotear la imagen sagrada de nuestras queridas mujeres. Y lo digo con propiedad. Coño… pinche machismo de mierda. Generaciones tras generaciones hemos heredado ese mal y lo triste es que lo hemos seguido legando a nuestros hijos. Aplaudo, grito, me revuelco en mi alegría y como a esa jovencita del comercial, ya ninguna más será maltratada. Pero… señores diputados… como siempre las leyes se le quedan a medias. Sí, cuando será el pinche puto día en que piensen en todo a la hora de hacer las leyes… Sí, así se los digo. Ya estoy cansado que jueguen con nuestros impuestos que sostienen sus hermosos días de legislatura. Coño, grito, me revuelco en mi tristeza, en mi impotencia, en mi coraje… Sí, porque quien carajo va a poner en cintura a todas las mujeres que maltratan a sus esposos que no hablan por miedo a ser juzgados por su propio sexo machista. Coño…, conozco mujeres que deberían estar presas o en manicomio por locas, violentas y esquizofrénicas, y ahí siguen… contentas y chingadole la vida a los demás.


lunes, 21 de octubre de 2013

Así fue.



Así fue. 

Anoche me hiciste soñar despierto.
Dos palabras bastaron
y la espesa noche dejó de ser oscura.

Un monosílabo borró días de incertidumbre.
No hizo falta inventar sueños ni personajes de ficción.
No hizo falta exteriorizar la historia
para conseguir adeptos...
y me hiciste reafirmar la idea
de que El universo reacomoda los eventos
y coloca cada cosa en su lugar.

La noche dejó de ser inquisidora
imponiendo insomnios de tormentos.

Anoche bastó el roce de una mano
para que se abriera un telón de confesiones.
Confesiones sin palabras,
 sin promesas, 
sin condiciones.
No hizo falta alabanzas ni pedestales de hielo.

Sólo hizo falta lo que usamos,
lo que vivimos, lo que traspiramos.
Sólo nuestros cuerpos

Anoche, volví a nacer. Así fue.

martes, 15 de octubre de 2013

¿Aceptas?

Hoy quiero invitarte a un paseo
y te aseguro que será tan simple
que no tendrás porque asustarte.

Cuentan de un lugar que sin ser lujoso
las cosas parecen diferentes
dicen que ahí el hielo quema
y que el calor relaja,
dicen que la pasión no falta
y los besos sobran,
que las caricias se multiplican
y la ropa no hace falta.


Hoy quiero invitarte a mi cama.

martes, 8 de octubre de 2013

Canciones en mi oído.


No sé si te preguntas por qué ya escribo tan poco. Y no dudo que antes de que acabe este antepenúltimo mes del año, buscarás una noche, y después de servir las dos copas de vino, me reclames en un tierno susurro…
―¿Se habrá marchado la musa que entonaba canciones en tu oído? 
De seguro, por unos segundos quedaré sin respuesta mientras me observas fijamente a los ojos. De seguro, también  soltaré una sonrisa nerviosa y empezaran a sudarme las manos y me llevaré el vino a los labios, beberé un leve trago y prenderé un cigarrillo.  De seguro no escucharás una entre tantas justificaciones que uno suele decir para salir del paso y seguiremos viendo el partido que esté en turno de la serie mundial de grandes ligas como si nada hubiera pasado y sin tener que preocuparte por una respuesta contundente. Es más, te adelanto que no tendré respuestas…
…Sólo te miraré y como en cada mirada de esas noches de vino, encontrarás los poemas que en mí tú has inspirado. Cerrarás los ojos al roce de mis labios y beberás de mi boca hasta el último sorbo del Merlot elegido.
Quedarás muy nerviosa y algo sorprendida cuando sientas la nota que en tus manos reposa. Leerás en silencio y de seguro, soltarás un suspiro y te lanzarás a abrazarme gritándome al oído: Yo también te sigo amando como el primer día…
 Y algo aturdido y excitado te susurraré al oído… ¡mi musa todavía sigue entonando canciones en mi oído!

martes, 24 de septiembre de 2013

¿Adónde se fueron?

Imagen tomada de Internet. 
Solía ser un tipo alegre hasta que le sucedió lo que le cambió la vida para siempre.

Corría el mes de septiembre del  año pasado. Bartolo, un hombre muy bien parecido y con gran pegue con las féminas, estaba a punto de cumplir sus cuarenta años y pensé que su llamada era para invitarme a sus acostumbrados pachangones que sabías cuando empezaban, pero nunca cuando terminarían.
Llegue a su casa y cuando me abrió la puerta se despidió de cuatro chicas que a juzgar por la cara tan contenta que tenían debían haber pasado un larga noche placentera.
― Amigo, tengo que contarte algo que me está pasando. Pero júrame que no se lo contarás a nadie.
― Cuenta con ello amigo. ¿Qué te pasa?
Bartolo cerró la puerta y sin decir una palabra, se desabotonó el cierre de sus pantalones, se los bajó y me sacó su miembro.
―Hace dos meses que mi pene se pone cada día más gordo.
Y en efecto, aquel pedazo de carne que se asomó ante mis ojos estaba tan grueso como el fondo de un vaso desechable y el glande, ufff sí que estaba grande el cabrón… Les juro que de momento lo único que se me ocurrió decirle como para darle animo fue:
―Amigo, ya quisiera yo tener ese pedazo de mastodonte. Mi vieja estaría recontenta… así como esas chicas que acaban de salir.
― No jodas compadre… esto no puede ser normal. Y lo peor es que no para de engrosarse.
 ― No te preocupes amigo… ― le dije ya poniéndome serio. Sabes que mi hermano es uno de los mejores urólogos del país. Deja lo llamo y nos vamos a verlo.

Y en efecto. El buen Bartolo, de la noche a la mañana se había convertido en un semental de pura raza. Más de 23 cm de largo, y un espesor de manguera de bomberos a la que muchas mujeres se fueron volviendo adictas.
Por fin, después de muchos estudios, dos meses después se supo el diagnostico. Todo era motivado por un hongo que había agarrado por falta de higiene y exceso de humedad. Pobre Bartolo. Según mi hermano lo peor vendría cuando aquella cosa empezara a desinflarse y secarse hasta empezar a caérsele en pedazos. Y así fue.
Hoy, un año después que Bartolo me confesara su problema he venido a dejarle un regalo de cumpleaños.  Sentado frente a su pantalla plana de cincuenta pulgadas contaba los segundos esperando que un milagro se lo llevara al otro mundo.

― ¿Adónde se fueron las mujeres de mi vida? ― fue lo único que me dijo. 

miércoles, 31 de julio de 2013

7 Pecados y un Hijo de Puta.


Fue un día del penúltimo mes del año 1959, cuando la isla se engalanó para recibirlos. Tres de la madrugada, llovía a cantaros y las olas dibujaban el comienzo de una catástrofe anunciada.
―Ante situaciones extremas, acciones extremas. ― dijo alguien con voz de jefe, mientras le pasaba los binoculares a quien lo acompañaba en lo alto de aquel viejo faro que hacía más de diez años no funcionaba.
― Estás loco. ¿Qué vamos a hacer con ellos?
― Pareces novato Rulo. No haremos nada. Ellos mismos se encargarán de todo. Pasemos una mirada rápida y dirás si tengo o no tengo razón…
Y terminando la frase sacó un papel para recordarse de los nombres…
― El primero es Pascual. Un tipo que está tan enamorado de sí mismo que ha llegado a creerse que es el mismísimo Dios. Claro está, que aún siendo yo creyente, jamás se me ocurría creer en un Dios así. Ni amarrado por los huevos. Por suerte, no es un ser supremo… pero de lo que sí estoy seguro es que cuando alguno de sus compañeros suelte la primera estupidez, ese tipo se lo come vivo… ¿qué puedes pensar de una persona que nunca ha podido sostener una relación ni de pareja ni de amistad porque se cree que es mejor que lo demás? y además, está seguro que es el mejor en todo, nunca se equivoca, siempre tiene la razón, lo sabe todo, que no necesita de la ayuda de nadie, que todo el mundo es un imbécil, claro, menos él. Es todo una fichita… Rulo necesito que lo sigas de muy cerca.
Rulo sonrió.
― Le sigue Juana… ¡qué hembra! Hace 15 horas de ejercicio todos los días… pero no en el gimnasio Rulo… No. Para esa guerrera no existe mortal alguno que le contenga su apetito sexual… Creo que tendrá en los otros seis, un alivio para su incontinencia, aunque dudo que de entre ellos pueda existir el indicado. Y aunque lleva 10 años de casada, la Juana tiene más horas de sexo con externos que con su propio esposo. Para ella no existirá jamás algo más casto que el sexo y ningún cinturón de castidad tan apropiado como el pene de alguno de sus clientes. Por ella han pasado, primos, hermanos, tías, vecinos  hasta se cuenta por las malas lenguas que hasta el cura de San Quintín, le ha bendecido su agraciada panocha. Pero el pobre de Agapito, así se llama con el que firmó el dichoso papel ante el cura, dice que a su mujer lo que le tienen es envidia y por eso hablan tan mal de ella por todas partes... aunque para el no sea un secreto, que vive gracias a que los casi 5000 hombres que habitan en San Quintín, han sido clientes de su esposa, mientras él se la pasa en su total pereza.
El jefe prendió un puro de la vitola más larga mientras observaba a las siete personas descender de la embarcación y caminar lentamente por el muelle.
― El tercero es un caso perdido. Dudo mucho que pueda sobrevivir a este régimen al cual se va a someter a partir de ahora. Ese peso que porta no es por gusto mi buen Rulo… El tipo se jama más de diez barras de pan con lechón, se toma entre ocho y doce litros de refresco de cola, se come un cake de tres leches todos los días y para rematar, se levanta en las noches a comer galletitas dulces y un litro de leche con mucha azúcar. Su apetito es algo que sobrepasa los límites normales. Con sus 180 kilos de peso, ya sus niveles de testosterona andan por el piso. Es candidato a diabetes, tiene problemas cardiacos y estoy casi convencido que la primera que se lo va a linchar sería la Juana,  cuando quiera trepársele encima y no le encuentre el aparato al gordinflón de Dionisio. Para el joven Dio, como cariñosamente le llama su abuelita,  no hay placer mejor que el de comer sin límites. Veremos que hace…
― Es todo un circo lo que se ha traído señor…
― Yo diría un buen rebaño, mi querido Rulo… ¿Quién le sigue? Ah… ya. Ufff qué espécimen… Para Mis Rubí, el tener y tener y tener es su mejor placer. Hasta el nombre le hace honor. Lo de ella es eso. El lujo, las joyas, las cosas caras, los autos, el yate, el avión… Pobre de Don Rabiño, le ha sacado todo el dinero que tenía el señor. Y mira que ese isleño trabajó como animal para construir su emporio azucarero cuando llegó a Cuba. Pero como dice el dicho… Nadie sabe para quien trabaja y una rayita bien peluda y dos pelotas redonditas en el pecho, jalan más que dos bueyes a una carreta. A esta mujer… ― pensó mientras aspiraba una fumada del largo puro. ― También me la sigues de muy cerca. No te pierdas ni una sola de sus reacciones.
―¿Quién le sigue? ―preguntó Rulo.
― Le sigue el personaje más importante para mí. Se pasa la vida en una tristeza enorme, porque sufre cada éxito de los demás y por el contrario se siente super alegre cuando a otro le va mal. Para ella lo más importante es lo que hace y lo que tiene el de junto. Le da coraje que su amiga fulanita ni dieta hace y está hecha un cromo, le da gusto que al condenado de su compadre, que tan mula se ha portado con su hermano, se le mueran unas vaquitas... en fin, me interesa mucho esta Doña Hipólita.   
― ¿La encierro sola?
― Ufff Rulo, tú no aprendes… aquí no se trata de encerrar a nadie. ¿Cuándo serás un tipo normal?
― Ok, ok, discúlpame jefe…
― Con el siguiente personaje hice una excepción… es el esposo de La Juana… Agapito necesita estar junto a su mujer aunque ella lo engañe, porque el tipo es un holgazán y toda la vida ha vivido del dinero que ella gana entregando sus nalguitas. Quiero ver qué pasa con él ahora… O La Juana lo entra en cintura u otro gallo va a cantar. Te advierto que se pasa todo el día durmiendo, que no hace lo que tienes que hacer y para colmo del descaro le ha declarado abiertamente a su gente que a él no le gusta el trabajo. Ahí te lo encargo Rulo. Tú para eso eres muy bueno.
― ¿Y el último?
―Es el más peligroso. El tipo es violento y se enoja sin medidas. Tiene excesivos deseos de venganza, grita, se pone rojo cuando algo lo molesta y arma un drama de cualquier cosa sin importancia. Se pasa el día peleándose con los demás. Y ha estado preso en dos ocasiones.
― Pues a trabajar… ya están todos en la casa.
― Bien Rulo, mi trabajo termina en este instante. Me regreso a la Habana. Estos hombres quedan bajo tu mando, pero no cometas el error de que te vayan a ver. Son siete hombres cuyos dones están en cada uno de los pecados capitales. Siete hombres que tendrán que sobrevivir a este experimento, en esta isla totalmente sola y casi sin recursos. Lo único que van a tener es una total incertidumbre de qué será lo que pasará en cada segundo de sus vidas aquí. De más está decirte que de estos resultados depende mucho el futuro de un país. Lo dejo todo en tus manos.

Y el jefe, puro en mano, descendió del viejo faro y se dirigió hacia el helicóptero que lo esperaba. 

La catástrofe estaba a punto de empezar.

***

Y pasó el tiempo, como todo pasa en la vida, y un día, del cuarto mes del año 1961, el jefe regresó a verificar su experimento. Se encerró con su hermano en la oficina secreta y al terminar el segundo día, después de haber analizado a cada uno de sus personajes, el gran jefe empezó a sacar sus conclusiones.
― El primero es Pascual. Este es el modelo de hombre que necesitamos formar en cada uno de nuestros dirigentes de la revolución. Un tipo sin escrúpulos, enamorado de sí mismo y que llegue a creerse que es el mismísimo Dios. Claro, he ahí la cosa chico. Nuestros dirigente serán una especie de Dios y a partir de ahora rompemos con la iglesia católica y todo aquel que entre a la iglesia y practique la religión será tachado de contrarrevolucionario. Nuestros dirigentes tienen que operar bajo la más estricta consigna. “Si no piensas como yo, estás en mi contra” y así adoctrinaremos a las masas. Un dirigente a quien no le importe el de abajo… y que solo se deba a nosotros. ¿Está claro?
―Perfecto…
― Juana nos enseñó que se puede ser puta y lujuriosa sin cobrar… así que de ahora en lo adelante, se elimina la prostitución en el país. Y quiero que te quede claro, no solo la prostitución… el cambio en su conducta va mucho más allá. El hombre puede trabajar sin ganar salarios ostentosos, sin tener negocios propios y todos van a trabajar para el bien de todos.
― Esto va a estallar…
― Tú déjamelo a mí… a partir de ahora será un socialismo puro… O no aprendiste del gordinflón. Ese hombre ha bajado más de 80 kilos tomando agua y comiendo los vegetales que se ha encontrado. Implantaremos la libreta de abastecimiento hermano, y a partir de ahora se comerá lo que nosotros le asignemos a los compatriotas… ya basta de despilfarro… 3 libras de azúcar, 6 de arroz, un cuarto de aceite, un cuarto de pan… Ya no queremos gordos en Cuba… Seremos un país sano y bien nutrido.
El jefe prendió su habitual puro…
―Esto ha sido un éxito hermanito… Ahí tienes el caso de Rubí… ha aprendido a vivir sin lujos, sin excesos, sin cosas materiales… Esto me enseña algo importante. A partir de ahora, nacionalizamos todo, la banca, los comercios, los hospitales, las industrias. Ahora todo será de todos y no de uno solo. Fuera la propiedad privada y el lujo de nuestra tierra.
― Nos quedan los casos más críticos. La envidia, la ira y la pereza. ―dijo Rulo.
―Qué tonto eres chico… eso es lo más importante para la manipulación de las masas… La envidia es nuestra arma. Hagamos algo que se llamará C.D.R. (comité de defensa de la revolución). Esto funciona solo con la envidia. Necesito que el vecino sufra cuando el de su lado triunfe. Con eso lo echará para’lante mi hermano y lo controlaremos todo… ¿Me entiendes?
― … Pero y la ira y la pereza.
― La ira la usaremos para exacerbar a las masas contra el imperio Yanqui y la pereza para dominarlos a nuestro antojo. Ya se me ocurrirá hacer algo contra los vagos… llegado el momento los recogemos a todos y los metemos a trabajo forzado.
― Eres un genio Fidel… ¿pero no será esto un pecado?
― Como crees mi hermano…

Y así, después de este experimento funesto, Fidel declara el carácter socialista de la revolución cubana, aunque de los siete pecadores, encerrados en aquella apartada isla, jamás se supo su destino. Unos piensan que están gobernando en las altas cúpulas del poder, otros dicen que los fusilaron por traición a la patria. 
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